Venezuela enfrenta retraso en transición democrática y mantiene símbolos de impunidad como Tarek William Saab

01/02/2026 00:30 | 3 min de lectura

Venezuela enfrenta retraso en transición democrática y mantiene símbolos de impunidad como Tarek William Saab

La incertidumbre sobre cuándo retornará la democracia en Venezuela persiste, en medio de avances parciales y la presencia de figuras que personifican la impunidad, como Tarek William Saab, fiscal general ratificado por Nicolás Maduro. Después de la captura de Maduro, surgieron esperanzas de cambio, pero aún no se ha establecido un cronograma claro ni acciones definitivas para devolver la soberanía plena al pueblo venezolano.

La actual Administración de EE. UU. aún tiene mucho que definir en relación con la situación venezolana, dado que, aunque Maduro fue capturado, la dictadura continúa sin que se hayan dado pasos decisivos hacia la democratización, ni en la transición política ni en el proceso de reformas en sectores clave como el petróleo, donde todavía no se observa una apertura real o un proceso de glasnost.

Aunque la presidenta encargada anunció una amnistía general y el cierre del penal del Helicoide, críticos cuestionan si estas medidas incluyen a todos los afectados sin discriminación, especialmente a militares excluidos de beneficios en el pasado. Según Foro Penal, tras la caída de Maduro, 711 personas han sido excarceladas, pero permanecen más de 11,000 con restricciones arbitrarias, lo que evidencia que aún hay obstáculos en la restitución de derechos fundamentales y un reconocimiento genuino del Estado de Derecho.

La continuidad del régimen se refuerza a través de actores como Diosdado Cabello, Padrino López y Tarek William Saab, quienes representan símbolos de resistencia a la justicia y protagonistas de persecuciones y torturas contra opositores. La permanencia de Saab en su cargo y su historial de abusos, además de su ratificación en enero, evidencian el actual estado de justicia selectiva en el país.

En el escenario internacional, las promesas de EE. UU. y las menciones a la democracia como proceso posterior a Maduro generan dudas por la falta de una hoja de ruta concreta y cronogramas definidos. La figura de Delcy Rodríguez, percibida como un paso intermedio, y la ausencia de movilización popular significativa, indican que aún no existen las condiciones para una transición efectiva, tanto en las Fuerzas Armadas como en la sociedad civil.

Expertos resaltan que la remoción de figuras como Saab, símbolo de la impunidad, sería un paso crucial para avanzar hacia la justicia y demostrar que la impunidad puede erradicarse. Sin embargo, esas acciones aún parecen lejanas, mientras la comunidad internacional, particularmente EE. UU., continúa enfrentando desafíos internos como las elecciones de medio término en 2026 que pueden desviar la atención del tema venezolano.

La oposición democrática venezolana todavía requiere propuestas concretas y acciones que refuercen su legitimidad, tanto en Venezuela como en Washington, para mantener vivo el proceso de transición y evitar que la inacción o las distracciones electorales reduzcan sus posibilidades de influir en el futuro del país.

Las experiencias internacionales, desde Chile hasta Sudáfrica, muestran que las transiciones exitosas requieren acuerdos claros, peleas internas e inclusive distanciamientos entre antiguos aliados. La historia ha demostrado que las democracias no surgen espontáneamente tras la caída de dictaduras, sino que demandan decisiones firmes, hoja de ruta definida y una voluntad política constante.

En ese sentido, se destaca que EE. UU. tiene la responsabilidad de actuar con decisión y claridad, impulsando la salida del poder de figuras nocivas como Saab, y promoviendo negociaciones directas entre el régimen y la oposición, con garantías para todos los actores. La necesidad de una estrategia que considere un cronograma y pasos concretos hacia elecciones libres y justas es urgente para evitar que la dictadura venezolana se convierta en una represión prolongada o en una versión disfrazada de régimen autoritario.

La comunidad internacional, en particular EE. UU., debe evitar caer en la trampa de buscar únicamente beneficios económicos o mantener una postura permisiva, porque eso podría fortalecer a una autocracia que, en su esencia, opera con códigos mafiosos. La experiencia demuestra que solo una presión constante, con decisiones irreversibles y un compromiso firme, puede allanar el camino hacia la recuperación de la democracia en Venezuela.

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