Una adecuada hidratación diaria es esencial no solo para el funcionamiento general del cuerpo, sino también para mantener la salud de los ojos. Consumir entre 1.5 y 2 litros de agua al día, aproximadamente de seis a ocho vasos, ayuda a preservar la lubricación ocular, reducir molestias y prevenir afecciones como el síndrome de ojo seco, según recomendaciones de expertos. Aunque las necesidades pueden variar según edad, peso, nivel de actividad física y clima, mantenerse bien hidratado favorece la producción de lágrimas y la protección de la córnea.
La película lagrimal, que cubre la superficie ocular, requiere un equilibrio hídrico adecuado para eliminar partículas, mantener una visión clara y evitar irritaciones. Cuando el organismo está deshidratado, la producción de lágrimas disminuye, lo que puede ocasionar sensación de ardor, enrojecimiento y visión borrosa temporal. La Organización Mundial de la Salud destaca que la hidratación es clave para funciones fisiológicas fundamentales.
La Academia Americana de Oftalmología señala que la falta de hidratación puede contribuir al desarrollo del síndrome de ojo seco, una condición frecuente que se presenta cuando los ojos no producen suficientes lágrimas o estas se evaporan rápidamente. Factores como el uso prolongado de pantallas, exposición a aire acondicionado y cambios hormonales también influyen, pero mantener un nivel adecuado de líquidos ayuda a estabilizar la película lagrimal.
Además de beber agua, los especialistas recomiendan consumir alimentos ricos en ácidos grasos omega-3, presentes en pescados como el salmón, semillas de chía y linaza, ya que estos nutrientes mejoran la calidad de las lágrimas. Es importante evitar bebidas con cafeína o alcohol en exceso, pues tienen efecto diurético y favorecen la pérdida de líquidos.
Indicadores de deshidratación ocular incluyen sensación de arenilla, picazón, sensibilidad a la luz, fatiga visual y dificultad para usar lentes de contacto. Si estos síntomas son frecuentes o persistentes, se aconseja acudir a un profesional de la salud visual para una evaluación completa.
En climas cálidos o durante actividades físicas intensas, las necesidades de agua aumentan debido a la pérdida de líquidos por sudor. Personas mayores deben prestar especial atención a su ingesta, ya que tienden a tener menor sensación de sed. Para mantener una buena hidratación, es recomendable llevar una botella de agua, establecer recordatorios y verificar que el color de la orina sea claro o amarillo pálido, lo cual indica niveles adecuados.
En conclusión, consumir entre 1.5 y 2 litros de agua al día favorece la salud ocular, ayuda a prevenir molestias y protege la visión a largo plazo cuando se combina con buenos hábitos visuales y revisiones periódicas.