El Panzer VI Tiger se consolidó como el tanque más formidable de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, destacando por su poderoso cañón de 88 mm, blindaje frontal de hasta 120 mm y avances tecnológicos que revolucionaron el combate blindado. Su incorporación en el frente obligó a los aliados a modificar tácticas y desarrollar nuevos vehículos para contrarrestarlo, tal como informó National Geographic.
El desarrollo del Tiger respondió a la resistencia inesperada que enfrentaron las tropas alemanas durante la invasión a la Unión Soviética en 1941, donde modelos soviéticos como el T-34 y KV-1 superaban en protección y potencia de fuego a los tanques alemanes. En respuesta, Henschel & Sohn diseñó un tanque superior, equipado con un blindaje casi impenetrable y un cañón pesado, inicialmente exclusivo para artillería.
El Tiger destacó por su cañón antitanque de 88 mm instalado en una torreta fabricada por Krupp, y su blindaje variado entre 26 y 120 mm que ofrecía protección efectiva frente a la mayoría de los proyectiles enemigos. Además, incorporó orugas anchas inspiradas en los tanques soviéticos y un motor de 690 caballos de fuerza, capaz de desplazar sus 56 toneladas y maniobrar en terrenos difíciles.
Su primera misión en combate fue en Leningrado el 29 de agosto de 1942, donde, a pesar de quedar atrapado en el barro, demostró ser casi invulnerable al fuego enemigo, salvo en casos de ataques cercanos que dañaban las orugas o perforaban el casco.
En Túnez, un pequeño grupo de Tigers destruyó varios tanques aliados sin bajas, fortaleciendo su reputación, según datos de National Geographic. Sin embargo, el peso y la complejidad del diseño provocaban frecuentes fallos mecánicos: problemas en motores y transmisiones dejaban hasta una cuarta parte de los vehículos fuera de combate antes de su uso, ya que las reparaciones en campo eran dificultosas.
Para maximizar su eficacia, los Tiger se agrupaban en compañías y batallones blindados liderados por oficiales experimentados como Michael Wittman, quien logró la destrucción de 120 tanques enemigos con un Tiger. Estas unidades se emplearon para frenar ataques enemigos o para liderar ofensivas.
La presencia de estos tanques obligó a los aliados a responder con modelos mejorados, como el Sherman Firefly británico y el soviético IS-2, ambos con blindaje y armamento reforzados. También mejoraron sus tanques tradicionales, como el Sherman y el T-34, con cañones y torretas de mayor calibre para enfrentar la amenaza alemana.
En respuesta, Alemania lanzó al mercado el Tiger II, conocido como Tiger rey, que incorporó placas de blindaje de hasta 150 mm en ángulo y alcanzó un peso de 70 toneladas, aunque su motor resultó insuficiente y sufrió mayores fallos mecánicos. Además, la escasez de acero y otras materias primas redujo la calidad del blindaje, incrementando el riesgo para la tripulación ante impactos.
Aunque el Tiger representó el máximo logro en innovación militar alemana, no logró alterar el curso de la guerra debido a su limitada producción, las frecuentes averías y la superioridad industrial de los aliados, que fabricaban muchos más tanques que los alemanes. No obstante, su legado ha influido en la evolución de las doctrinas militares y la ingeniería en los vehículos blindados posteriores.
El Tiger obtuvo numerosas victorias en combates directos, pero el resultado final fue determinado por la superioridad numérica y tecnológica de los aliados, concluyó National Geographic, cerrando uno de los capítulos más destacados en la historia de los blindados de guerra.