La supercomputadora Sierra, ubicada en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California, fue desactivada en octubre de 2025 después de siete años de servicio. Diseñada para realizar simulaciones altamente confidenciales en pro de la seguridad nuclear estadounidense, Sierra fue una de las máquinas más potentes y relevantes en su categoría a nivel mundial.
Constituida por miles de CPUs IBM Power9 y GPUs Nvidia Volta V100, Sierra fue ensamblada tras un encuentro técnico en Chicago y operada en un espacio de 650 metros cuadrados con 240 racks en el edificio 453 del complejo. Su función principal consistía en simular escenarios nucleares, un trabajo crítico respaldado por la Agencia de Seguridad Nuclear del gobierno de Estados Unidos.
Durante su apogeo, Sierra alcanzó la posición de segunda supercomputadora más rápida del mundo según el ranking internacional TOP500, destacando por su capacidad de cálculo y su importancia en la estrategia de seguridad nacional. Sin embargo, los elevados costos de operación, superiores a 325 millones de dólares junto con su 'hermana' Summit en Oak Ridge, y los problemas de hardware, aceleraron su retiro.
La obsolescencia técnica, sumada a la falta de soporte para componentes de fabricantes como IBM y Nvidia, así como actualizaciones de su sistema operativo Red Hat Enterprise Linux, fueron factores determinantes en el cese de sus actividades. Además, el desgaste natural del hardware, que enfrentó frecuentes fallos desde su inicio, hizo inviable su mantenimiento a largo plazo.
El proceso de desmantelamiento se realizó en fases, comenzando con avisos a usuarios para salvaguardar datos, seguido del apagado progresivo de nodos y sistemas de refrigeración, que usaban miles de litros de agua por minuto. En cumplimiento con las normativas de seguridad, todas las partes componentes, incluidas baterías, placas y procesadores, fueron trituradas o recicladas para evitar posibles recuperaciones de información.
Aunque algunas supercomputadoras retiradas se donan o exhiben en museos, la mayoría de Sierra fue reciclada dada la rápida obsolescencia tecnológica en el campo. La experiencia plantea interrogantes sobre el futuro de estas máquinas, con expertos que consideran posibles avances en compatibilidad hardware-software y otros que advierten un posible estancamiento en la desarrollo de chips, lo que afectaría la necesidad de renovaciones constantes.