Un sismo de magnitud 4.1 se registró en el municipio de Miahuatlán, Oaxaca, la madrugada del 1 de marzo, informó el Servicio Sismológico Nacional (SSN). El movimiento ocurrió a las 4:04 horas, a una profundidad de 57.1 kilómetros y a unos 67 kilómetros al noreste de Miahuatlán, en las coordenadas 16.516° de latitud y -95.997° de longitud. Hasta el momento, las autoridades no han reportado daños materiales ni personales por este sismo. Sin embargo, exhortan a la población a mantenerse informada a través de canales oficiales y seguir las recomendaciones preventivas ante futuras réplicas o eventos sísmicos.
El SSN aclaró que la información proporcionada es preliminar y podría ser actualizada conforme avance la evaluación. Además, recordaron que actualmente no existe ninguna tecnología capaz de predecir con exactitud cuándo y dónde ocurrirá un sismo, dada la naturaleza del riesgo tectónico en México.
El país está constantemente expuesto a una actividad sísmica frecuente; sin embargo, la mayoría de estos movimientos son de baja magnitud. Para prepararse ante estas eventualidades, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) recomienda tener un plan familiar, realizar simulacros, identificar zonas seguras y revisar las instalaciones de gas y electricidad.
Durante un sismo, es crucial mantener la calma, buscar refugio en lugares seguros alejados de objetos peligrosos o ventanas. En caso de estar en un vehículo, se recomienda detenerse y alejarse de estructuras altas como edificios o árboles. En zonas costeras, también se aconseja evacuar alejándose de playas y cuerpos de agua.
Tras un movimiento telúrico, es importante inspeccionar el entorno, evitar el uso de llamas hasta verificar que no haya fugas de gas, y mantenerse informado sin propagar rumores. La posibilidad de réplicas obliga a estar alerta y seguir las instrucciones oficiales.
Históricamente, México ha sido afectado por sismos de gran magnitud como el ocurrido en 1787 con una magnitud de 8.6, que generó un tsunami en Oaxaca. Estudios del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires) sugieren que eventos similares podrían repetirse en la región, principalmente en la brecha de Guerrero, que acumula energía suficiente para producir terremotos severos.
Los terremotos más devastadores en la historia reciente del país son los de 1985 y 2017. El de 1985, con magnitud 8.2 y epicentro en Guerrero, y el de 2017, con una magnitud de 7.1 y epicentro en Puebla-Morelos, ambos causaron enormes pérdidas humanas y materiales, dejando un legado de recuerdo y mayor conciencia sobre la importancia de la preparación ante estos eventos naturales.