Un sismo de magnitud 4.0 se registró este 31 de enero a las 6:54 horas en Crucecita, Oaxaca, con epicentro a 46 kilómetros al este de la localidad y una profundidad de 44.6 kilómetros, informó el Servicio Sismológico Nacional (SSN). Las coordenadas exactas del movimiento fueron 15.742 grados de latitud y -95.709 grados de longitud.
Hasta el momento, las autoridades no han reportado daños significativos derivados del sismo. Sin embargo, se recomienda a la población mantenerse informada mediante canales oficiales y seguir las indicaciones de protección civil en caso de nuevas alertas. La información preliminar del SSN puede ser actualizada a medida que las autoridades recopilen datos definitivos.
El SSN enfatiza que actualmente no existe tecnología capaz de predecir sismos con anticipación, dado que estos fenómenos ocurren sin aviso previo. México, por su ubicación tectónica, presenta una actividad sísmica constante, aunque la mayoría de los movimientos son de baja magnitud e imperceptibles para la comunidad.
El movimiento de este 31 de enero no provocó daños mayores, pero pone en evidencia la constante vulnerabilidad del país ante sismos de distintas magnitudes. La intensidad de un sismo y su percepción varían según factores como el tipo de suelo, la distancia al epicentro, la disipación de energía y las características geológicas del contexto.
México cuenta con sistemas especializados para monitorear la actividad sísmica, entre ellos el Servicio Sismológico Nacional —responsable de determinar la magnitud y ubicar epicentros— y la Red Acelerográfica Nacional del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que analiza cómo responde el suelo ante estos eventos.
El doctor Jorge Aguirre González, coordinador de Ingeniería Sismológica del Instituto de Ingeniería de la UNAM, explica que comprender el efecto de sitio, es decir, cómo responde el terreno ante un sismo, es clave para evaluar riesgos. La universidad utiliza alrededor de 20 métodos diferentes para calcular la magnitud de los sismos, lo que permite obtener mediciones más precisas y útiles para la protección civil.
Historia y riesgos sísmicos de México muestran que el país enfrenta amenazas constantes, siendo los terremotos de 1985 y 2017 algunos de los más recordados debido a su impacto. Sin embargo, el terremoto más fuerte registrado en la historia mexicana ocurrió el 28 de marzo de 1787, con una magnitud de 8.6 en la escala Richter, centrado en Oaxaca, que generó un tsunami que avanzó seis kilómetros tierra adentro.
Un estudio del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires) en 2009 advirtió que grandes terremotos, con magnitudes de 8.6 o superiores, podrían ocurrir en las próximas décadas en las costas de México y Centroamérica, especialmente en la región de la Brecha de Guerrero, que acumula considerable energía sísmica.
Recuerdos de los sismos históricos, como los ocurridos en 1985 y 2017, resaltan la vulnerabilidad de México ante movimientos que han causado daños estructurales y pérdidas humanas, recordando la importancia de fortalecer la preparación, la estructura sísmica y los sistemas de alerta temprana en el país.