Un sismo de magnitud 4.0 fue reportado en el municipio de Pinotepa Nacional, Oaxaca, durante la madrugada del 17 de febrero, informó el Servicio Sismológico Nacional (SSN). El movimiento ocurrió a las 2:00 horas, a una profundidad de 6.3 kilómetros, y a unos 78 kilómetros al suroeste de la ciudad, con coordenadas 16.019° de latitud y -98.701° de longitud. Hasta el momento, las autoridades no han reportado daños ni incidentes derivados del sismo, aunque recomiendan mantener comunicación con canales oficiales para actualizaciones. La información brindada por el SSN es preliminar y puede variar tras futuras revisiones. Es importante recordar que actualmente no existe tecnología que permita predecir los sismos con precisión, por lo que la prevención y preparación son fundamentales. México, por su ubicación tectónica, sufre numerosos movimientos sísmicos diarios, la mayoría de baja magnitud e imperceptibles para la población. La protección ante eventos naturales como estos incluye tener una mochila de emergencia, conocida como mochila de la vida, equipada con alimentos no perecederos, agua, medicinas, documentos importantes, herramientas, ropa de cambio, y otros artículos esenciales para afrontar periodos de 72 horas. Es recomendable guardar estos suministros en lugares accesibles, en casa, en el automóvil o en el trabajo. Históricamente, México ha vivido terremotos devastadores, como el de 1985 y 2017, que dejaron trágicas pérdidas humanas y daños materiales. El terremoto más fuerte registrado en el país ocurrió el 28 de marzo de 1787 en Oaxaca, con una magnitud de 8.6, y generó un tsunami que alcanzó tierra firme a seis kilómetros del litoral. Estudios del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires) sugieren que en los próximos años podrían registrarse sismos similares o mayores, especialmente en las costas de México y Centroamérica, en la zona conocida como la Brecha de Guerrero, que acumula energía sísmica. Estos eventos ejemplifican los riesgos que enfrentan los mexicanos, recordando tragedias anteriores como los terremotos de 1985 y 2017, que paralizaron la Ciudad de México y causaron cientos de muertes. La memoria de esos desastres fortalece la importancia de la prevención y la preparación.