Un sismo de magnitud 4.0 se registró en Guerrero la noche del 30 de enero, con epicentro en Zihuatanejo, a las 22:06 horas. Según informó el Servicio Sismológico Nacional (SSN), el movimiento telúrico tuvo lugar a 12 kilómetros al suroeste de la ciudad y alcanzó una profundidad de 22.4 kilómetros. Las coordenadas precisas del epicentro son 17.588 grados latitud y -101.646 grados longitud. Hasta el momento, las autoridades locales no han reportado daños estructurales o víctimas, pero recomiendan a la población consultar fuentes oficiales para mantenerse informada, ya que los datos preliminares pueden ser ajustados posteriormente.
El SSN recordó que los sismos no pueden predecirse con exactitud, debido a las limitaciones actuales en tecnología y métodos científicos. México, por su ubicación en una zona tectónicamente activa, experimenta decenas de movimientos sísmicos diarios, en su mayoría de baja magnitud y de percepción imperceptible para la población.
Para enfrentar un sismo de manera adecuada, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) aconseja preparar un plan familiar de protección civil, participar en simulacros, identificar zonas seguras en viviendas y centros de trabajo, y revisar las instalaciones de gas y electricidad de manera regular.
Durante un sismo, se recomienda mantener la calma, buscar refugio en una zona segura, alejarse de objetos que puedan caer y, en el caso de estar en un automóvil, estacionarse lejos de edificios y árboles de gran altura. En áreas costeras, es importante alejarse de playas, ríos y lagunas, y refugiarse en zonas elevadas.
Tras el temblor, las acciones clave incluyen revisar daños en la vivienda, usar el teléfono solo en emergencias, evitar encender fuego hasta verificar que no haya fugas de gas y seguir las indicaciones de las autoridades para evitar la propagación de rumores. Es común que se presenten réplicas, por lo que se debe permanecer alerta.
México enfrenta un riesgo constante de sismos de gran magnitud. El terremoto más fuerte en la historia del país ocurrió en 1787, con una magnitud de 8.6 en Oaxaca, que generó un tsunami tierra adentro. Estudios del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires) sugieren que futuras grandes erupciones en la región podrían volver a ocurrir, especialmente en las costas de México y Centroamérica, en la denominada Brecha de Guerrero, que acumula gran energía tectónica.
Recuerdos como los terremotos de 1985 y 2017, que paralizaron la Ciudad de México y dejaron cientos de víctimas, siguen vigentes en la memoria de los mexicanos. El sismo del 19 de septiembre de 1985 ocurrió a las 7:19 horas, con magnitud 8.2, y tuvo su epicentro en Guerrero. Luego, en 2017, un movimiento de magnitud similar ocurrió en Puebla y Morelos, causando la muerte de 369 personas y evidenciando la vulnerabilidad constante del país ante estos fenómenos naturales.