Cuando una relación llega a su fin, la persona enfrenta un proceso complejo que implica reconstruir su confianza, expectativas y plan de vida. La duración del vínculo, la implicación emocional y las circunstancias del cierre influyen en la intensidad y duración del duelo. No es igual una separación consensuada que un abandono inesperado, especialmente si hay hijos, proyectos en común o convivencia prolongada. Cada individuo vive su proceso a su propio ritmo, atravesando fases como negación, tristeza, enfado, negociación y aceptación, aunque a menudo el avance no es lineal y puede haber estancamientos.
En ocasiones, quienes no logran cerrar completamente el duelo revisitan conversaciones o revisan redes sociales, alimentando la esperanza de una reconciliación, a pesar de que no existan señales concretas. La psicóloga Silvia Severino señala que la dificultad para olvidar radica en la tendencia a idealizar la relación pasada, recordando solo los aspectos positivos o minimizando los conflictos, además del temor a la soledad y la historia interna que cada uno construye respecto al fin de la relación. ‘Si no puedes olvidar, es porque en el fondo sigues pensando que volverá’, afirma Severino (@silviaseverinopsico en TikTok). La experta explica que mantener esa idea funciona como un hilo invisible que impide cortar del todo el vínculo.
En la era digital, bloquear a la expareja en redes sociales o eliminar contactos suele ser una estrategia común. Sin embargo, Severino advierte que estas acciones no son suficientes si no van acompañadas de un trabajo interno. ‘Bloquear no basta; el problema está en la historia que te sigues contando’, señala. La mente continúa creando hipótesis alternativas como ‘no era el momento’, ‘podría cambiar’, o ‘más adelante’, que actúan como negociaciones silenciosas con la realidad, manteniendo viva la esperanza y retrasando el proceso de duelo.
El resultado de esta dinámica es una prolongada sensación de sufrimiento, sin avanzar en la recuperación emocional ni dejar atrás la esperanza. Severino propone confrontar la realidad: mostrar los hechos claros y dejar de aferrarse a lo que pudo haber sido. Ver más allá de las palabras y promesas implica aceptar que los proyectos no eran compatibles, lo cual, aunque doloroso, puede liberar y permitir una recuperación más sólida. Reconocer la disconformidad no minimiza el impacto emocional, pero ayuda a reducir la rumiación y a abrir camino para nuevas prioridades.
El proceso no consiste en olvidar el pasado, sino en resignificarlo. Cambiar la forma de pensar permite abrir espacio para una nueva vida y que alguien más te elija. El cierre efectivo no solo depende del tiempo transcurrido, sino de cómo se interpreta y procesa la experiencia.