El 3 de marzo, día en que la Iglesia celebra a varios santos y mártires, se remonta a tradiciones antiguas que relacionaban el nombre de quienes nacían con el del santo del día. Aunque comúnmente se confunde con el cumpleaños, el onomástico es una conmemoración que honra a figuras religiosas reconocidas en el santoral.
Este día, en diversas partes del mundo, se recuerda a santos como Emeterio y Celedonio, mártires de la Hispania Tarraconense del siglo IV. Estos santos, que lucharon por su fe en tiempos de persecución, fueron martirizados en Calahorra, en lo que hoy es España. Junto a ellos, también se celebran otros personajes históricos y religiosos, como Beato Miguel Pío Fasoli, Santa Catalina Drexel y San Artelaides, entre otros.
La canonización, proceso mediante el cual la Iglesia Católica y Ortodoxa declara a una persona como santa, implica una investigación rigurosa sobre su vida, virtudes y milagros comprobados. La Iglesia puede canonizar mediante diferentes caminos: virtudes heroicas, martirio, causas excepcionales, o ofrecimiento de la vida, contando siempre con la realización de milagros.
El proceso de canonización no tiene un tiempo fijo; en algunos casos, como el de San Pedro Damián, la beatificación ocurrió siglos después de su muerte, mientras que otros, como San Antonio de Padua, fueron nombrados santos en menos de un año. La última canonización fue en octubre de 2019, cuando el Papa declaró santos al cardenal John Henry Newman y a la hermana Dulce de Brasil.
Actualmente, la religión católica cuenta con más de 360 millones de fieles en todo el mundo, según datos del Vaticano. La mayor concentración se encuentra en América, especialmente en Sudamérica, aunque en las últimas décadas ha ganado presencia significativa en Asia y África. Por otro lado, en Europa, el número de practicantes ha disminuido, mientras que en Oceanía se mantiene estable.