La Ruta de la Paz en Morazán, en el noreste de El Salvador, conecta importantes escenarios relacionados con el conflicto armado y la memoria histórica del país. Este recorrido, que en 2026 busca transformar la violencia en turismo, cultura y reconstrucción social, incluye municipios como Perquín, El Mozote, Arambala, Guatajiagua, Corinto y Cacaopera.
Perquín fue un centro clave de la resistencia del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) entre 1980 y 1992, protegido por la geografía montañosa que favoreció la creación de refugios subterráneos conocidos como “tatús” para evadir los bombardeos militares. Actualmente, el Museo de la Revolución Salvadoreña en el municipio exhibe armas, uniformes y documentos que reflejan la vida durante la guerra.
El Mozote, donde el 11 de diciembre de 1981 tropas del Batallón Atlacatl perpetraron una masacre que dejó más de mil civiles muertos, se ha convertido en un símbolo de memoria y justicia. La comunidad atrae a familiares de víctimas, defensores de derechos humanos y turistas que visitan el Monumento a las Víctimas, la iglesia reconstruida y otros sitios conmemorativos.
Arambala, marcada por desplazamientos y violencia, hoy apuesta por el ecoturismo y la resiliencia. En 2026, sus senderos naturales, cascadas y miradores como La Olomina y El Chorrerón se combinan con historias de superación local. El municipio busca impulsar un desarrollo sostenible y respetuoso con su entorno natural.
Guatajiagua mantiene viva su tradición ancestral de alfarería negra, que sobrevivió a la guerra y el exilio. La producción cerámica, apoyada por organizaciones internacionales, ahora forma parte del turismo local y refuerza la identidad cultural del municipio.
Corinto alberga la Gruta del Espíritu Santo, un sistema de cuevas con manifestaciones rupestres de más de 10,000 años vinculadas a la cultura Lenca. Durante el conflicto, estas cuevas sirvieron como rutas de escape y escondites para civiles, integrando en su historia la herencia indígena y la memoria reciente.
Cacaopera resalta por su resistencia indígena Kakawiraque, quienes enfrentaron desplazamientos y pérdida de territorios durante la guerra. La revitalización de su lengua, costumbres y rituales refleja un proceso de recuperación y orgullo cultural, que ahora se proyecta en el turismo comunitario.
La Ruta de la Paz en Morazán invita a recorrer estos sitios de memoria y cultura, promoviendo la reflexión en un entorno natural. Los municipios de la región han convertido el dolor en una oportunidad de desarrollo, impulsando el turismo de memoria y el ecoturismo a solo cuatro horas de San Salvador.