¿Alguna vez has sentido que tu comunidad religiosa pierde su esencia? En Huehuetoca, Estado de México, un grupo de feligreses rompe el silencio para denunciar irregularidades que están poniendo en jaque la vida espiritual de su parroquia San Pablo.
Desde la llegada del párroco Gerardo Medrano, los cambios en la parroquia han sido evidentes, pero no para bien. Los feligreses aseguran que la vida pastoral se ha deteriorado, afectando desde la organización de eventos significativos, como la fiesta patronal, hasta la solemnidad con la que se celebran las misas.
¿Y qué hay del espíritu de comunidad? La situación en la parroquia ha llegado a un extremo, pues denuncian comercio informal dentro del templo durante los servicios dominicales, algo que consideran completamente contradictorio con la liturgia y el respeto que debería imperar.
Otros problemas revelados son la falta de limpieza en el templo y atrio, a pesar de que hay varios sacristanes, y un trato a los fieles que califican de déspota y grosero. La frustración crece aún más con la petición de una segunda colecta para 'restauraciones', de las cuales, aseguran, no se ven avances claros en la iglesia, ni en aspectos básicos como el equipo de audio.
La denuncia también apunta a conductas inapropiadas por parte de un grupo juvenil durante las jornadas religiosas, que han mostrado actitudes irrespetuosas, incluso frente a símbolos sagrados como la cruz, usando un lenguaje que contradice los valores evangelizadores.
¿Y qué decir de las procesiones y la adoración? Los feligreses denuncian que en eventos litúrgicos, como la entrada a la Eucaristía, los sacristanes visten prendas inapropiadas y mantienen conductas poco solemnes, además de vender alimentos dentro del templo, incluso durante la adoración al Santísimo Sacramento —una falta grave para la comunidad.
Para rematar, recuerdan una venta realizada durante la Semana Santa de 2025 con la justificación de recaudar fondos, recursos que, según ellos, no beneficiaron en nada a la parroquia ni a la comunidad.
Frente a todo esto, los feligreses claman por una intervención de la Diócesis de Cuautitlán. Están cansados de mantener silencio ante lo que califican como una crisis en trabajo pastoral, evangelización, catequesis y orden administrativo que afecta profundamente su fe y unión comunitaria.
¿Hasta cuándo seguirá esta situación? La comunidad pide que su voz sea escuchada y que se regrese a los principios que deben guiar su fe y su parroquia.