¿Alguna vez imaginaste que un simple punto de riego puede cobrar vidas? En Teoloyucan, Estado de México, la tragedia golpeó de forma brutal: cinco agricultores perdieron la vida tras inhalar gases peligrosos en la compuerta de Santo Tomás, un sitio donde circulan aguas con posibles residuos tóxicos.
Desde aquel fatídico día, las autoridades han sido prácticamente invisibles. Ningún representante ha llegado para dialogar con las familias afectadas o para tomar acciones inmediatas. La falta de respuesta ha impulsado a los propios campesinos a actuar por sí mismos.
Con miedo a una nueva tragedia, los vecinos decidieron tapar la compuerta con tierra, en una acción colectiva y preventiva. ¿El motivo? La compuerta regula el flujo de agua hacia parcelas en zonas altas, pero su uso implica descender a una cisterna cerrada, sin protección alguna, exponiendo a los agricultores a gases sumamente tóxicos.
"Es un gas muy agresivo. Nadie dura ahí dentro. Son químicos que han arrojado empresas y que las autoridades han ignorado", denunció uno de los habitantes durante una reunión comunitaria. La preocupación crece, pues no saben qué sustancias corren por el canal, y temen que sus tierras entren en contacto con estos residuos, poniendo en riesgo cultivos y salud.
Tras los fallecimientos, el gobierno municipal afirmó que ya está en contacto con Conagua, aunque esta dependencia federal se deslindó, argumentando que no es responsable de acciones realizadas por terceros, pese a que la infraestructura hidráulica es de su jurisdicción.
Lo más preocupante es la ausencia de presencia oficial en la zona, ni patrullas, ni técnicos. Los vecinos, que se consideran los únicos que han dado la cara, reclaman respuestas: "Aquí no vino nadie. Somos vecinos y amigos, los que estamos dando la cara".
Entre las víctimas, destaca Sergio Peña Castro, quien intentó rescatar a otros dos campesinos atrapados en la cisterna. Fue llevado con vida a un hospital, pero falleció horas después. Familiares de otros afectados, como los de las familias Regino y Moya, exigen justicia y acciones concretas.
Los habitantes no solo enfrentan el peligro del agua tóxica. La comunidad denuncia que la zona está plagada de basura, en completa oscuridad y con un canal deteriorado, lo que obliga a los campesinos a trabajar en grupos para evitar asaltos, incluso en horas de la madrugada.
"El canal se está destruyendo por el exceso de agua y nadie hace nada. Esto no es política, es sobrevivir", señalan. La Dirección de Medio Ambiente municipal solicitó análisis del agua en la laguna de Zumpango, cercana al sitio, pero el trámite apenas inicia, debido al periodo vacacional.
Mientras tanto, la compuerta permanecen sellada con tierra y una losa de piedra, sin dictámenes técnicos ni estudios concluidos que aseguren la seguridad. La comunidad, cansada de esperar, actuó por cuenta propia para evitar más muertes.
"Tapamos la compuerta porque nadie vino", aseguran los campesinos, que rechazan la pasividad y claman por justicia. La pregunta es: ¿hasta cuándo continuaremos dejando que estas aguas peligrosas pongan en riesgo vidas y recursos? La respuesta, quizás, solo la tenga un compromiso genuino y acciones inmediatas.