Cerrar la tapa de la laptop al terminar de trabajar es un hábito frecuente que muchas personas adoptan para retomar sus tareas rápidamente. Sin embargo, aunque el modo de suspensión ofrece comodidad, depender exclusivamente de este método puede afectar el rendimiento y la salud del equipo con el tiempo.
La mayoría de las laptops modernas entran en modo suspensión (sleep) cuando se cierra la tapa. En este estado, el sistema detiene la mayoría de sus procesos, mantiene abiertas las aplicaciones y los archivos en la memoria RAM, y consume poca energía. Este modo es ideal para pausas cortas, ya que permite reanudar rápidamente la actividad.
No obstante, la suspensión no apaga completamente el equipo ni limpia todos los procesos internos. El sistema operativo y las aplicaciones permanecen en pausa, consumiendo una pequeña cantidad de energía y acumulando pequeñas fallas o errores de software si se utiliza en exceso sin un reinicio completo.
El uso exclusivo de la suspensión puede generar problemas de rendimiento, especialmente si se utilizan programas exigentes como editores de video, videojuegos o software de diseño, o si se conectan múltiples dispositivos externos. Además, el equipo puede activarse accidentalmente dentro de una mochila, generando calor y agotando la batería innecesariamente.
Reiniciar o apagar la laptop elimina los procesos en segundo plano, libera memoria y permite que el sistema operativo se inicia desde cero, resolviendo errores menores y asegurando la correcta instalación de actualizaciones pendientes. Los expertos recomiendan reiniciar la computadora al menos una vez por semana y apagarla cuando no se vaya a usar por un período prolongado o para transportarla.
En conclusión, si bien poner en suspensión la laptop es seguro para pausas cortas, realizar apagados o reinicios periódicos contribuye a mantener el rendimiento, prevenir errores acumulados y prolongar la vida útil del equipo.