El contraste entre las prácticas funerarias en Europa central y oriental y las sanciones sociales hacia los suicidas en el Reino Unido refleja la diversidad en las creencias sobre la muerte y el más allá. La imagen del vampiro atravesado por una estaca, común en la cultura popular, tiene raíces distintas: en las comunidades eslavas, esta práctica surgía como un ritual para prevenir el regreso de los muertos considerados peligrosos. Según el historiador John Blair, las epidemias de vampiros en regiones eslavas involucraban la exhumación de cuerpos con signos extraños, y en esos casos, atravesarlos con una estaca era una medida para evitar su retorno dañino.
En contraste, en las Islas Británicas, la colocación de estacas en los cuerpos obedecía a sanciones sociales hacia los suicidas considerados 'felo de se'. Estos eran individuos que, habiendo decidido quitarse la vida con plena capacidad mental, recibían un entierro en cruces de caminos, lejos de los cementerios religiosos y sin indispensables ritos, marcados además por la estaca en el corazón como símbolo de castigo y marginación. Esta práctica, que persistió hasta la ley de 1823, reflejaba una visión penal y excluyente que perduró en la legislación hasta 1961, cuando el suicidio dejó de considerarse delito.
Este recorrido histórico evidencia cómo las creencias sobre la muerte y las penalizaciones sociales evolucionaron en distintos contextos. Mientras en Europa oriental estas tradiciones buscaban neutralizar presuntas amenazas sobrenaturales, en Gran Bretaña funcionaban como mecanismos de segregación social y religiosa. La diferencia en las prácticas muestra la complejidad de las interpretaciones culturales sobre el fin de la vida y la marginación.
Por otra parte, Blair destaca que la imagen moderna del vampiro, con la estaca como arma principal, es una reinterpretación popular influida por la literatura, en particular por la figura de Drácula, de Bram Stoker. Esta figura muestra la transformación cultural de las creencias antiguas, donde la estaca adquirió un simbolismo que traspasó las fronteras regionales y temporales.
La historia de las sanciones jurídicas y los rituales funerarios ligados a la figura del vampiro revela una visión de la muerte no solo biológica, sino también moral y social. Estas prácticas y creencias, que tensaron los límites entre lo natural y lo sobrenatural, aún despiertan interés y permiten revisar críticamente las tradiciones culturales heredadas sobre la muerte y el más allá.