La enfermedad de Parkinson, una de las afecciones neurodegenerativas más prevalentes y debilitantes, afecta actualmente a cerca de 10 millones de personas en todo el mundo, según la Fundación de Parkinson en Estados Unidos. Se estima que para 2050 esta cifra aumentará a 25.2 millones, reflejando un incremento en la prevalencia global. Aunque aún no existe cura, el tratamiento integral incluye medicamentos, cirugía y cambios en el estilo de vida, donde la actividad física juega un papel crucial para mejorar la calidad de vida.
Recientemente, la Fundación de Parkinson y el Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte (ACSM) lanzaron nuevas recomendaciones de ejercicio diseñadas para adaptarse a las necesidades individuales de quienes viven con esta enfermedad. Estas guías ponen énfasis en la personalización, sostenibilidad y seguridad de las rutinas, incorporando evidencia científica que respalda la inclusión temprana de actividades físicas estructuradas.
Las recomendaciones destacan que la continuidad en programas de ejercicio específicos puede reducir síntomas motores y no motores del Parkinson, además de mejorar aspectos como la depresión, el estreñimiento y el deterioro cognitivo. Entre los beneficios reportados, los expertos señalan mejoras en resistencia, fuerza, equilibrio y movilidad.
Las pautas sugieren realizar actividades aeróbicas continuas y rítmicas, como caminar a paso rápido, correr, andar en bicicleta, nadar o bailar, siempre considerando posibles riesgos como congelamientos en la marcha, hipertensión o bradicardia, que pueden requerir supervisión profesional.
Asimismo, recomiendan ejercicios de fortalecimiento con pesas, bandas de resistencia o peso corporal, enfocados en los principales grupos musculares, con 2 a 3 series de 8 a 10 repeticiones. También se incluyen rutinas de estiramiento activo para mantener rango de movimiento, adaptadas a las condiciones de rigidez muscular y osteoporosis, y entrenamientos multidisciplinarios como yoga, tai chi, danza o entrenamiento funcional, con la debida ayuda y dispositivos de seguridad.
El presidente y director ejecutivo de la Fundación de Parkinson, John L. Lehr, subrayó el compromiso de actualizar estas recomendaciones para reflejar la evidencia más reciente y las voces tanto de pacientes como de profesionales. La actualización responde a un análisis de tres años, con énfasis en promover la adherencia a ejercicios que contribuyen a la reducción de síntomas y a la mejora del bienestar general.
La enfermedad de Parkinson afecta principalmente a las neuronas productoras de dopamina en la sustancia negra, responsable del control de los movimientos. Los síntomas motores, como temblores, rigidez muscular, lentitud y desequilibrio, son los más reconocidos, pero los síntomas no motores, que incluyen depresión, ansiedad, trastornos del sueño, pérdida del olfato y dificultades cognitivas, pueden ser igual o más afectados en el día a día de los pacientes.
Dado que no existe una cura definitiva, la promoción de una vida activa representa una estrategia fundamental para el control de los síntomas y la autonomía. Diversos estudios apoyan que la incorporación regular de ejercicio incrementa la resistencia, mejora la fuerza y favorece la movilidad, generando un impacto positivo en la experiencia cotidiana de las personas con Parkinson.