La actriz y cantante Natalia Oreiro sorprendió al público al publicar en su cuenta de Instagram una serie de fotografías que ofrecen una visión cercana de su residencia en San Isidro, en la que convive con su pareja Ricardo Mollo y su hijo Atahualpa. La publicación refleja un espacio que funciona como refugio, escenario de creatividad y reflejo de su identidad artística, sin mostrar explícitamente cada rincón.
Las imágenes, que combinan escenas cotidianas, detalles decorativos y momentos familiares, confirman la preferencia de Oreiro por un estilo de vida sencillo, alejado de ostentaciones. La vivienda presenta un diseño que fusiona madera, flores, libros, objetos antiguos y elementos naturales, promoviendo un ambiente de calma y conexión con lo esencial.
La mudanza desde Palermo a San Isidro en 2016 representó un cambio sustancial para la artista, quien buscaba mayor tranquilidad y contacto con la naturaleza. Oreiro admitió en entrevistas que la adaptación fue un proceso desafiante, ya que provenía de un entorno urbano con un estilo rústico y vintage. Con el tiempo, sin embargo, la casa se convirtió en un espacio emocional construido desde cero.
El jardín, espacio recurrente en sus publicaciones, es amplio, verde y cuidadosamente intervenido. Funciona como escenario de momentos de esparcimiento, paseos descalzos y reuniones familiares. En las imágenes se observa a la artista paseando, levantando a su gato o disfrutando del entorno natural, evidenciando que el jardín forma parte activa de su rutina y bienestar diario. Además, mantiene una huerta donde cultiva flores y plantas, reforzando su conexión con la tierra.
El interior de la vivienda refleja una estética ecléctica y personal. Muebles antiguos y piezas modernas conviven en espacios decorados con colores pasteles, verdes, fucsias y azules profundos, en un equilibrio que no responde a tendencias de catalogo, sino a una elección consciente y llena de significado.
En las fotografías se resaltan bibliotecas llenas de libros, un tocadiscos con discos de vinilo, escritorios decorados con objetos personales, piedras, cuadernos y recuerdos, cada uno contando una historia. La cocina, por ejemplo, destaca por su carácter cálido y hogareño, con estanterías abiertas, vajillas a la vista, frascos, utensilios en madera y un ambiente pensado para compartir y crear.
Lejos de buscar impresionismo a través del tamaño o las excentricidades, la casa de Natalia Oreiro refleja coherencia y sensibilidad artística. Cada objeto, color y espacio parece dialogar con su forma de entender la vida, marcada por la introspección y la tranquilidad. En sus publicaciones también aparecen detalles como su gato descansando en la cama, sillones bajos, cortinas pesadas y paredes empapeladas con motivos florales, que aportan una atmósfera cálida, nostálgica y profundamente femenina.
Una de las imágenes que generó mayor atención fue la de su figura al desnudo, de espaldas, caminando hacia un atardecer vibrante, con el cielo en tonos naranjas, dorados y grises. La luz del ocaso recorta su silueta, creando un contraste dramático entre sombras y horizonte, sin revelar rasgos faciales, transmitiendo una sensación de paz y conexión con la naturaleza.