La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, el 22 de febrero en un operativo militar que dejó decenas de detenidos y víctimas en más de 20 estados mexicanos, marca un punto de inflexión en la estructura del crimen organizado. La desaparición del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) genera un escenario de fragmentación y pugnas internas, así como una reconfiguración del mapa criminal a nivel internacional.
Históricamente, el narcotráfico mexicano ha evolucionado desde enclaves aislados en los años veinte hasta convertirse en una organización global, según explica la geopolítica Stephanie Henaro. Cada eliminación de un jefe criminal desintegró su dominio territorial, dando pie a disputas violentas y conflictos por el control de rutas y mercados.
Expertos señalan que, tras la caída de “El Mencho”, diversas organizaciones buscan ocupar su lugar, entre ellas, el Primeiro Comando da Capital (PCC) de Brasil, la mayor banda criminal de América Latina. Fundado en 1993 y originalmente conformado por presos en São Paulo, el PCC ha ampliado su influencia hacia Europa, Australia y operaciones transnacionales en minería ilegal y drogas sintéticas, estableciendo alianzas con organizaciones como CJNG y Cártel de Sinaloa.
En paralelo, Los Cuinis, brazo financiero del CJNG liderado por la familia González Valencia, ha expandido su presencia en Argentina, Uruguay y Bolivia. Usando empresas fachada y redes inmobiliarias, han lavado dinero en estos países, realizando inversiones en bienes raíces y vehículos de lujo, y formando vínculos con la mafia italiana ‘Ndrangheta. Los líderes de esta estructura han utilizado identidades falsas para eludir a las autoridades en múltiples países.
Con la eventual salida de “El Mencho”, se abre la incógnita sobre si Los Cuinis seguirán consolidando su influencia de manera independiente o si continuarán alineados con un sucesor dentro de la familia, posiblemente Juan Carlos Valencia González, hijastro de “El Mencho”.
Por otro lado, el Cártel de Sinaloa mantiene aún presencia significativa y alianzas con diversos grupos regionales, colaborando en la producción y distribución de drogas sintéticas en Brasil y con redes en Europa. En 2023, se documentó su apoyo al PCC en la fabricación de drogas en Brasil, consolidándose como uno de los actores principales en el tráfico internacional.
En Europa, la posible fragmentación del CJNG podría fortalecer a la Mocro Maffia, organización criminal de origen marroquí-holandés, con sede principal en Países Bajos y Bélgica. La Mocro controla una parte importante del tráfico de cocaína en puertos clave como Rotterdam y Amberes, y ha llevado a cabo una serie de asesinatos y atentados para mantener su poder. Además, sus alianzas con mafias italianas, irlandesas y balcánicas han formado un “Super Cartel” que amenaza la hegemonía del narcotráfico en la región.
La ‘Mocro War’, una guerra de clanes por el control de rutas y cargamentos, ha dejado decenas de muertos en los Países Bajos, que ha invertido más de 400 millones de euros en reforzar su lucha contra el crimen organizado. Su influencia se extiende a Alemania y España, donde blanquea activos en el sector inmobiliario y realiza ajustes de cuentas.
Mientras tanto, en México, la desaparición de “El Mencho” genera incertidumbre y aumenta la competencia territorial, lo que podría traducirse en nuevas oleadas de violencia y alianzas impredecibles. La experta Henaro advierte que la fragmentación del CJNG podría derivar en el surgimiento de facciones rivales y disputas abiertas por las plazas más rentables.
Se identifican cinco regiones estratégicas donde estas pugnas se intensificarán, y cuyo control determinará el rumbo del narcotráfico en el país en los próximos años, en un escenario de lucha por la supremacía que se observa como un reflejo de la fragmentación del crimen organizado a nivel global.