¿Sabías que en las faldas del Iztaccíhuatl y el volcán Popocatépetl, mientras algunos talan ilegalmente los bosques mexiquenses, otros están en batalla por salvarlos? Este contraste es el que vive la región del Estado de México, donde la Guardia Nacional realiza esfuerzos incansables para proteger un tesoro natural que enfrenta amenazas gravísimas.
En medio de arbustos y senderos, al menos 20 elementos de la Guardia Nacional recorren día y noche, armados con chalecos antibalas, cascos, armas y un kit de primeros auxilios. Su misión: disuadir y prevenir la tala clandestina, una actividad que durante 2022 a 2024, en este estado, ya ha destruido más de 3,200 hectáreas de bosques de pino, oyamel y encino. ¿El objetivo? Mantener en pie estos pulmones del planeta, que además representan casi la mitad de la superficie forestal del país.
Claudio Arcos Vázquez, capitán segundo de la Guardia Nacional, explica a MILENIO cómo estos recorridos en colaboración con las autoridades forestales y de protección del medio ambiente se intensificaron hace más de un año, en la región del Parque Nacional Izta-Popo. «Realizamos patrullajes, operativos de disuasión y vigilancia constante. En ocasiones, trabajamos en conjunto con organizaciones como Probosque», señala.
Pero no solo patrullan a pie en caminos escarpados—que en algunos puntos imposibilitan el paso de vehículos—, sino que también usan vehículos oficiales en las cercanías de zonas más accesibles. En todos los casos, su presencia busca evitar que los depredadores continúen con el corte ilegal y destruyan estos ecosistemas.
¿Han logrado cerrar un aserradero clandestino? Sí. Sin embargo, las detenciones en flagrancia han sido escasas. Claudio indica: «No hemos atrapado a alguien en el momento exacto de la tala, solo hemos hecho presencia y actos disuasorios, que ya han ayudado a reducir estas actividades ilícitas». La presencia constante, pues, parece ser la mejor herramienta para proteger estos bosques.
Lamentablemente, las cifras de destrucción forestal en Edomex son alarmantes. La legislación revela que en estos años, los municipios de Ocuilan, Texcaltitlán, Ixtapaluca y Temascaltepec son los más afectados. Además, cerca del 70% de la madera que se extrae ilegalmente proviene de tala clandestina, una práctica que además puede incluir la presencia de grupos armados, aunque aún no hay confirmación oficial.
La región de Amecameca, en particular, se considera un foco rojo, con 25 municipios en alerta por tala clandestina. La superficie forestal total de la entidad, que equivale a casi la mitad del territorio mexicano, está compuesta mayormente por especies como pino, oyamel y encino, recursos que si no se protegen, podrían desaparecer.
Mientras la Guardia Nacional y las autoridades luchan en la primera línea, organizaciones como Guardianes del Bosque y Río de Nexpayantla están en otra batalla: la de la reforestación, la concientización y el cuidado del medio ambiente. En comunidades como San Pedro Nexapa, enseñan a la comunidad a amar y cuidar la montaña, obteniendo oxígeno, agua y alimento de ella.
Pero no todo es armonía. En octubre pasado, desconocidos llegaron a la reserva natural Oclatepetl en Amecameca y, con motosierras, derribaron árboles de más de 40 años, además de intentar incendiar la zona. La denuncia ciudadana y la acción de la Guardia y Profepa lograron atender la emergencia, pero dejan en claro la dificultad de proteger estos recursos.
Por ello, la Guardia Nacional hace un llamado a la población: denunciar cualquier acto ilícito de tala clandestina. La ley es clara: la tala sin permisos puede llevar a penas de 15 a 25 años de cárcel y multas elevadas. La protección de nuestros bosques, entonces, es responsabilidad de todos. Mientras unos cortan, otros luchan por conservar el patrimonio natural del Estado de México.