El uso de fármacos como Ozempic, Mounjaro y Wegovy está transformando la manera en que muchas personas en Estados Unidos perciben y ejercitan su cuerpo. Varias historias muestran cómo estos medicamentos, que actúan sobre los mecanismos hormonales regulatorios del apetito, ayudan a liberar a los pacientes de la percepción de que el ejercicio debe hacerse solo para quemar calorías o perder peso.
Jamie Selzler, de 47 años, quien desde joven había evitado el ejercicio por temor y frustración, reporta ahora que tomó Wegovy para controlar su peso en 2023 y que, tras meses de tratamiento, comenzó a disfrutar de sus caminatas diarias y ejercicios en casa. Antes, su imagen mental de entrenadoras famosas y dietas restrictivas le impedía conectar con el movimiento. Ahora, tras perder peso, su percepción del ejercicio ha cambiado, considerándolo una fuente de bienestar y crecimiento personal. Hoy, practica senderismo y entrenamiento de fuerza, y recientemente se certificó como entrenadora personal.
Este cambio en la actitud hacia el ejercicio se refleja en otros casos. Dana Greene, de 59 años, quien inicialmente veía la actividad física como una obligación, ahora disfruta usar pesas y ha realizado tareas físicas que antes le parecían imposibles, como caer un árbol en su propiedad. Asimismo, Lee Angela, de 57 años, ha experimentado una reducción significativa en sus dolores articulares al comenzar a tomar Mounjaro en 2024, permitiéndole participar en actividades que antes le parecían inalcanzables, incluso completar su primera carrera en 5 km.
Expertos en salud y ejercicio señalan que estos medicamentos están ayudando a que los pacientes reevalúen su relación con la actividad física. Summer Kessel y Renee Rogers destacan que, without the burden of dieting pressures, las personas pueden enfocarse en disfrutar el movimiento como un camino hacia su bienestar. Sin embargo, advierten que la pérdida de masa muscular y otros efectos secundarios requieren monitoreo y una nutrición adecuada.
No todos tienen experiencias positivas. Algunos enfrentan fatiga, efectos gastrointestinales o dificultades para mantener la motivación. Becky Hinman, de 38 años, experimentó más fatiga tras usar Zepbound, aunque ajustó su ingesta y mejoró su hidratación, logrando reducir estos efectos secundarios.
El sector del fitness también está en proceso de adaptación, con algunas empresas creando programas específicos para quienes toman estos medicamentos. Sin embargo, profesionales como Rogers expresan cierta cautela, enfatizando que no existe evidencia suficiente para respaldar programas de ejercicio basados solo en estos fármacos.
En definitiva, estos medicamentos parecen abrir una nueva etapa en la percepción y disfrute del ejercicio, ayudando a muchas personas a convertir el movimiento en una fuente de placer y salud, en lugar de una obligación o castigo. Personas como Selzler consideran que su vida sin largas caminatas en los parques de Dakota del Norte sería impensable, y ya no sienten que puedan volver atrás.