Marlon Brando, icono central del cine mundial, expresó durante su carrera una visión crítica hacia la industria cinematográfica y la profesión actoral. En entrevistas citadas por Far Out, el actor desestimó la relevancia de la mayoría de sus contemporáneos en dirección y guion, reservando el título de 'visionarios' únicamente para dos cineastas: Ingmar Bergman y Luis Buñuel. Reconocido por su influencia en el cine del siglo XX, Brando mostró escepticismo ante el arte contemporáneo en la pantalla grande y su desencanto con Hollywood. A lo largo de su carrera, famoso por roles en películas como 'Un tranvía llamado deseo', 'Nido de ratas', 'El padrino' y 'Apocalypse Now', el actor adoptó comportamientos poco convencionales en los rodajes, como negarse a memorizar diálogos o realizar actos irreverentes. Estas actitudes reflejaban su profunda insatisfacción con el significado de la actuación, afirmando en palabras recogidas por Far Out que 'actuar es una profesión vacía e inútil', y que solo lo hacía por dinero. Además, extendió sus críticas a los guionistas y escritores de su época, asegurando que 'no hay escritores contemporáneos de importancia' y que películas modernas carecían de innovación. La visión pesimista de Brando respecto a su oficio permaneció incluso en sus años de mayor fama, priorizando la retribución económica antes que la motivación artística, alejándose del concepto de actor vocacional. Sin embargo, Brando siempre tuvo palabras de admiración para Ingmar Bergman y Luis Buñuel, a quienes consideraba los únicos auténticos 'visionarios' capaces de romper con las convenciones del cine. Bergman, director sueco reconocido por películas como 'Persona' y 'Sonata de otoño', y Buñuel, pionero del cine surrealista y experimental con obras como 'Un perro andaluz', representaban para él el cine que desafía los estándares comerciales y explora límites artísticos. Pese a su aprecio por el cine de autor, Brando nunca colaboró con estos directores ni participó en producciones similares, enfocándose en películas comerciales y superproducciones donde el éxito financiero primaba sobre el riesgo creativo. Aunque criticaba los grandes presupuestos de Hollywood, su filmografía incluye participaciones en títulos de alto presupuesto, lo que refleja una contradicción entre su discurso y sus decisiones profesionales. Esta dualidad ha alimentado debates sobre la coherencia en la postura rebelde de Brando. A día de hoy, la situación del cine de autor y las dificultades de las películas independientes evidencian problemas que el actor ya vislumbraba y criticaba. Para Brando, pocos lograban entender realmente la obra de Bergman y Buñuel, evidenciando la persistente brecha entre el arte innovador y el gusto popular. Su visión escéptica sobre el reconocimiento de los verdaderos directores visionarios sigue vigente en un mundo donde el cine de autor lucha por mantener su espacio.