Los ojos de los gatos se distinguen por su capacidad para ver en condiciones de baja luminosidad, gracias a una estructura biológica llamada tapetum lucidum, que funciona como un espejo interno que refleja la luz en el interior del ojo. Esta característica, que les permite distinguir objetos y movimientos en entornos oscuros, ha inspirado avances tecnológicos en el campo del biomimicry y la seguridad vial.
Desde 1933, la historia de la fascinación por la visión nocturna felina se relaciona con un incidente en Yorkshire, Inglaterra, cuando Percy Shaw, un empresario, salvó su vida al detectar los ojos de un gato reflejados en la niebla, permitiéndole detenerse a tiempo. Este evento llevó a Shaw a desarrollar los reflectores Catseye®, utilizados actualmente en caminos de todo el mundo para mejorar la señalización durante la noche.
La ciencia empezó a explicar el mecanismo en 1929, descubriendo que, a diferencia de los humanos que tienen una capa llamada retina para absorber la luz, los gatos poseen el tapetum lucidum, una capa reflectante que devuelve la luz a la retina, amplificando la visión en la oscuridad. Cuando la luz incide en los ojos felinos, el reflejo que se observa como un destello verde o amarillo es en realidad la luz rebotando en este tejido, ofreciendo una visión nocturna mucho más precisa que la humana.
Diversos animales, como vacas, ovejas, caballos y algunos peces, también presentan el tapetum lucidum, lo que les ayuda a detectar depredadores o a orientarse en ambientes acuáticos con poca luz. En cambio, especies diurnas, como los primates, incluidos los humanos, no cuentan con esta capa, ya que no necesitan visión nocturna.
El interés por la estructura ha impulsado también innovaciones en tecnología. El Dr. Young Min Song, del Instituto Coreano de Ciencia y Tecnología, diseñó una cámara con sensibilidad a poca luz inspirada en el tapetum lucidum, que permite obtener imágenes nítidas en condiciones de escasa iluminación y con menor consumo energético. Además, incorporó una pupila vertical, similar a la de los gatos, que mejora la percepción de contornos y objetos camuflados en entornos complejos.
Estos desarrollos tecnológicos, motivados por la biomimicry, tienen aplicaciones potenciales en sistemas de visión artificial, robots, dispositivos autónomos y cámaras de vigilancia que operan en ambientes de poca o mucha luz. La observación de los ojos felinos continúa siendo una fuente de inspiración para innovaciones que podrían salvar vidas y mejorar la seguridad en diversas áreas, demostrando que la naturaleza sigue siendo un referente fundamental en el avance tecnológico.