Conducir a mayor velocidad no garantice llegar mucho antes, ya que el incremento en el ahorro de tiempo disminuye a medida que aumenta la velocidad. Este fenómeno, conocido como la 'parábola de la velocidad', es explicado por BBC Mundo y revela que, aunque duplicar la velocidad puede reducir notablemente los tiempos en trayectos cortos, esfuerzos posteriores generan ganancias muy pequeñas.
Por ejemplo, en un recorrido de 10 kilómetros, ir a 10 km/h tarda una hora. Subir la velocidad a 20 km/h reduce el tiempo a 30 minutos, pero aumentar a 30 km/h solo ahorra otros 10 minutos, y a 40 km/h apenas cinco minutos más. A esto se suman factores externos como semáforos, tráfico, condiciones climáticas o el estado de las carreteras, que dificultan aún más la eficiencia del aumento de velocidad.
Según datos de BBC Mundo, la tentación de acelerar a toda costa se ve frecuentemente obstaculizada por imprevistos como congestiones o peatones, lo que anula los minutos ganados en tramos anteriores. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) en Estados Unidos señala que en contextos urbanos, las interrupciones por semáforos y tráfico reducen o eliminan las ventajas de circular a mayor velocidad.
Además, incrementar la velocidad aumenta considerablemente el riesgo y la gravedad de los accidentes. La distancia de frenado, por ejemplo, se incrementa notablemente: en Australia, a 40 km/h la distancia total para detenerse puede llegar a 26 metros, mientras que a 60 km/h asciende a 44 metros, reduciendo la capacidad de reacción ante emergencias.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que aumentar en un km/h la velocidad en zonas urbanas tiene un efecto mínimo en el ahorro de tiempo, pero incrementa significativamente el riesgo de accidentes y lesiones graves. Un atropellamiento a 50 km/h tiene al menos ocho veces más probabilidades de resultar fatal que a 30 km/h, y reducir los límites de velocidad en las ciudades ha demostrado disminuir las muertes y lesiones.
La energía cinética desarrollada en las colisiones también aumenta con la velocidad, provocando impactos más severos y efectos físicos más graves en ocupantes y peatones. Por ello, muchas ciudades han establecido límites de velocidad de 30 km/h en zonas urbanas para reducir accidentes y proteger a los vulnerables, fomentando además una convivencia más segura entre automovilistas, peatones y ciclistas.
En conclusión, ¿conducir más rápido realmente ayuda a llegar antes? La respuesta, según organismos internacionales y estudios recientes, es que en condiciones ideales, sin obstáculos ni tráfico, habría un ahorro de tiempo, pero cada vez menor con velocidades más altas. La seguridad y la reducción de riesgos, en cambio, son beneficios claros al respetar los límites de velocidad.