La crítica política en Argentina pierde fuerza cuando no se acompaña de autocrítica real, y en el contexto actual, las dificultades del gobierno y sus debilidades se ven reforzadas por el recuerdo del pasado, más que como una alternativa sólida. Pese a algunos avances en gestiones recientes, como la eliminación de piquetes y medidas de seguridad coherentes con raíces tradicionales del peronismo, la mayoría de los actores de la administración anterior no representan una opción de futuro debido a su fracaso profundo, que a la larga ha contribuido al estado actual.
Un punto de inflexión de gran gravedad fue la crisis con la empresa Techint, que simboliza la pérdida de una compañía nacional capaz de imponer su tecnología en el mercado mundial. Antes, empresas como Bunge y Born, también multinacionales creadas en el país y que produjeron bienes de consumo masivo, fueron sometidas a boicots y su retirada refleja el fracaso de la política argentina.
No existe un capitalismo sin una burguesía industrial fuerte. La ausencia de grupos empresariales comprometidos en la defensa de intereses productivos nacionales propicia un debilitamiento del Estado y favorece la concentración extranjera de recursos, con la consiguiente disminución de la soberanía económica. Países vecinos como Brasil, Uruguay y Chile muestran un patriotismo que impulsa la cooperación entre gobiernos de diferentes ideologías, dejando de lado las divisiones para buscar intereses comunes y fortalecer su identidad.
En Argentina, el peronismo ha quedado vaciado de contenido, y su liderazgo necesita una renovación que integre distintas fuerzas políticas para formar un proyecto con pensamiento propio. La falta de dirigentes con visión clara, tanto en el campo nacional como en el liberal, impide que exista un destino colectivo definido en las propuestas electorales.
La protección de la industria y el empleo es un aspecto universal en cualquier país. La desindustrialización y la dependencia de recursos naturales como petróleo o minerales dejan a la mano de obra sin destino, generando pobreza y caída en el consumo, mientras que los datos oficiales falsean la realidad, creando una ilusión de prosperidad que no corresponde a la situación.
El triunfo de Javier Milei y su apoyo popular evidencian la desconexión entre las viejas dirigencias, desgastadas y rechazadas, y las nuevas fuerzas políticas que no logran ofrecer una propuesta unificada ni con visión de largo plazo. La unidad nacional entre peronistas, radicales, socialistas y otros sectores es urgente para recuperar la dignidad y el rumbo del país.
Es fundamental que el periodismo preserve la libertad de crítica, sin caer en parcialidades que limitan la verdadera discusión democrática y fomentan una decadencia en el debate público. La alta pobreza, la destrucción del tejido productivo y la fragilidad institucional demandan un cambio de enfoque que priorice la reflexión y el espíritu crítico.
Por último, la dependencia excesiva de los grupos económicos y la desatención a sectores relevantes como la ciencia, la cultura, la educación y los derechos sociales, representan un avance hacia una dependencia colonial. La caída de empresas emblemáticas y la falta de visión estratégica en políticas de Estado solo fortalecen esa tendencia. La recuperación de un país más justo, independiente y libre requiere dejar atrás las divisiones ideológicas vacías y apostar por un proyecto nacional con visión de largo plazo, basado en la reflexión, la autocrítica y el fortalecimiento del aparato productivo.