La era de la geopolítica, marcada por cambios profundos en el orden mundial

08/02/2026 05:00 | 3 min de lectura

La era de la geopolítica, marcada por cambios profundos en el orden mundial

En medio de una etapa de transformación global sin precedentes, expertos coinciden en que estamos viviendo una era dominada por la reconfiguración de la geopolítica, donde las relaciones de poder entre Estados definen el rumbo internacional. El concepto de geopolítica, que combina política y territorio, refiere a las estrategias relacionadas con soberanía, territorios, intercambios económicos y conflictos, y se impone sobre la economía de mercado que predominó tras la caída del Muro de Berlín.

Pese a la falta de un consenso en la denominación, muchos analistas afirman que vivimos una época en la que las reglas del multilateralismo están heridas de muerte y el orden global se encuentra en desorden perceptible. La prioridad de la geopolítica sobre la economía se evidencia en la presencia activa de líderes mundiales como Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping y otros, cuyos movimientos reflejan la consolidación de la competencia por la primacía global, especialmente entre China y Estados Unidos.

Actualmente, las grandes potencias representan culturas civilizacionales: China con su civilización confuciana y EE. UU. con su herencia judeocristiana, grecorromana e ilustrada. Rusia, por su parte, busca ser considerada un poder relevante más allá de su fuerza militar, manteniendo su influencia en Eurasia, mientras que Turquía aspira a recuperar el pasado del Imperio Otomano mediante un neo-otomanismo.

El impacto de figuras como Trump aceleró estas tendencias, evidenciado en eventos como el Foro Económico Mundial de Davos, donde por primera vez la geopolítica superó al mercado en importancia. La polarización en EE. UU. y los déficit en sus políticas internas dificultan la continuidad de su liderazgo, lo que genera incertidumbre sobre qué ocurrirá tras 2028.

A nivel global, la confrontación entre EE. UU. y China continúa siendo la piedra angular de la situación internacional. La rivalidad no solo se limita a las esferas militares y económicas, sino que también se refleja en disputas por recursos estratégicos como las tierras raras, esenciales para las nuevas tecnologías. La negociaciones entre ambas potencias darán forma al nuevo orden económico mundial, con reglas que reemplazarán a las actuales.

En la misma línea, Rusia intenta mantener su influencia en Eurasia, mientras que la reclamación de soberanía en lugares como Groenlandia ejemplifica las nuevas formas de influencia en el escenario mundial. La necesaria adaptación interna, ante sociedades polarizadas y con fragmentación política, será crucial para que los países puedan mantener su posición en esta nueva etapa.

Un aspecto clave en estos cambios es la revaluación del papel de instituciones internacionales, que han visto mermada su credibilidad, y la posible emergencia de nuevos actores como un Consejo de Paz centrado en Gaza, que aspira a reformular o sustituir a la ONU en funciones de mantenimiento de paz.

Ante este escenario, la tendencia apunta hacia una menor globalización y una mayor cercanía de las cadenas de suministro a los territorios nacionales, lo que implica reorganizar estratégicamente las relaciones internacionales y las capacidades de Estado. La historia demuestra que, en todo cambio, hay ganadores y perdedores, y el desafío será adaptarse a una realidad donde la supervivencia política y económica dependerá de la flexibilidad y visión estratégica.

Finalmente, la transición hacia un nuevo orden mundial revela desafíos internos en potencias como EE. UU., cuyos procesos políticos polarizados y déficits en inteligencia estratégica amenazan su liderazgo. Sin embargo, la tendencia de fondo indica un desplazamiento de la influencia global, donde otros actores emergen con fuerza, marcando un escenario donde la historia parece estar en una fase de reorganización que podría perdurar más allá de 2028.

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