La reciente decisión del gobierno de Javier Milei de implementar una profunda reforma económica ha puesto en evidencia la existencia de una elite argentina que, históricamente, ha actuado en contra del desarrollo del país. Desde la adjudicación de contratos hasta la influencia en ámbitos culturales y políticos, esta élite, vinculada estrechamente con la dirigencia política, se ha caracterizado por priorizar intereses inmediatos y el flujo de efectivo sobre el valor patrimonial a largo plazo.
En un análisis compartido por el tributarista Pablo San Martín, se señala que a diferencia de países en los que las élites aportan valor social, en Argentina estas estructuras actúan como depredadoras, promoviendo decisiones que favorecen sus beneficios inmediatos. Ejemplos históricos, como la crisis de 2001 y la intervención en fondos de jubilaciones privadas, ilustran una tendencia a poner en riesgo los intereses nacionales para mantener privilegios.
Fortalecer el mercado interno sin competencia internacional y evitar disputas por la conducción política han sido estrategias que favorecieron a sectores empresariales, bancarios e incluso culturales, consolidando un sistema en el que la participación política de estos grupos es mínima. La comparación con Brasil revela que en Argentina menos del 1% de los legisladores provienen del sector productivo, en contraste con el 50% en Brasil.
El modelo económico actual, en crisis, se ha visto enfrentado por las reformas del gobierno de Milei, que busca reducir intervenciones estatales, abrir la economía, bajar impuestos y fortalecer la moneda. Sin embargo, la resistencia de la vieja élite, que controla medios, universidades y diversos sectores, dificulta la implementación de estos cambios.
A pesar del escepticismo, una 'nueva élite' surgió al amparo del cambio, con empresarios, académicos y líderes del sector productivo que respaldan el nuevo rumbo. La participación activa de estos actores, especialmente en proyectos estratégicos como Vaca Muerta, minería y energías renovables, es crucial para consolidar el futuro económico del país.
Es fundamental que la sociedad escuche y apoye las voces comprometidas con el cambio, para evitar que los intereses de la élite depredadora sigan amenazando el proceso de transformación y el desarrollo sostenible de Argentina.