La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) anunció la creación del Grupo de Especialistas en Conservación Microbiana, marcando un cambio significativo en las estrategias de protección ambiental al priorizar los microorganismos como elementos esenciales para la preservación de la biodiversidad y el equilibrio del planeta. La decisión, divulgada por National Geographic, resalta que los microbios desempeñan funciones clave en todos los ecosistemas, y su protección es fundamental para mantener la salud humana, animal y ambiental, según afirmó Raquel Peixoto, microbióloga de la Universidad Rey Abdullah.
Diversas investigaciones recientes indican que factores como la industrialización, el cambio climático, el uso excesivo de antibióticos y la pérdida de hábitats están provocando una disminución sin precedentes de la diversidad microbiana a nivel mundial. La comisión recomienda acciones como la creación de biobancos microbianos, la protección de hábitats naturales y el desarrollo de probióticos específicos para restaurar comunidades microbianas tanto en seres humanos como en ecosistemas vulnerables.
Expertos como Jack Gilbert resaltan que los microbios marinos, como las bacterias Prochlorococcus, absorben CO₂ y generan oxígeno, sosteniendo cadenas alimentarias que conectan especies desde el atún rojo hasta las ballenas azules. Sin embargo, las alteraciones en los océanos, como el aumento de la temperatura y la acidificación, amenazan estas comunidades microbianas, poniendo en riesgo la estabilidad de los ecosistemas marinos.
En arrecifes de coral, microorganismos simbióticos contribuyen a la resistencia a enfermedades, mejoran la absorción de nutrientes y ayudan a degradar compuestos tóxicos. La pérdida de estas especies amenaza la salud de cerca del 25 % de la vida marina y puede causar una degradación irreversible de los arrecifes, impactando a muchas especies y la protección de las costas.
En ambientes terrestres, especies como Microcoleus vaginatus fortalecen la estructura del suelo en desiertos y praderas, que cubren casi el 40 % de la superficie mundial. La desaparición de estos microbios, impulsada por actividades humanas y sequías, facilitaría procesos de erosión y desertificación, reduciendo servicios ecosistémicos esenciales.
A nivel humano, la microbiota intestinal, conformada por alrededor de 30 billones de células microbianas, está vinculada a la salud metabólica, inmunitaria y autoinmune. La pérdida de diversidad microbiana, causada por dietas pobres en fibra, excesivo uso de antibióticos y limitada exposición a ambientes naturales, ha sido asociada con aumento de enfermedades inflamatorias y autoinmunes, según la International Union of the Microbiological Societies.
Asimismo, los microorganismos como las actinomicetos producen antibióticos y fertilizan los suelos, pero su degradación y la amenaza del cambio climático representan riesgos para estos beneficios. La exclusión de los microbios de las políticas de conservación responde a limitaciones técnicas y a un sesgo hacia las especies visibles.
El respaldo internacional a una agenda que proteja estos seres invisibles crece, y expertos como la microbióloga Annette Becket enfatizan la importancia de incluir a los microbios en las estrategias de protección ambiental. En este contexto, el grupo de la UICN busca integrar esta perspectiva en regulaciones y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, destacando que la conservación microbiana es crucial para mantener los servicios ecosistémicos, la estabilidad climática y la salud global.
El desafío para la comunidad científica y los gobiernos será diseñar políticas integradas que reconozcan el valor central de los microorganismos para la sostenibilidad del planeta, afirmó National Geographic.