El Carnaval en Argentina, con epicentros en Gualeguaychú, Corrientes y otras localidades del Norte Argentino, trasciende lo cultural y requiere una operación logística de gran escala que inicia meses antes del evento. Durante el último fin de semana largo, el país recibió alrededor de 2.8 millones de turistas, generando un impacto económico superior a los 701 mil millones de pesos, según datos oficiales de turismo, lo que genera una fuerte presión sobre el transporte, el abastecimiento y los servicios urbanos.
Las carrozas utilizadas en los carnavales más importantes pueden superar los 4 metros de altura y los 10 metros de largo, requiriendo planificación meticulosa para su transporte, ya que muchas se fabrican en galpones industriales durante meses para ser trasladadas a corsódromos o avenidas principales.
El montaje final de las carrozas incluye sistemas eléctricos, luces LED programables, estructuras metálicas y mecanismos móviles, cuya operación segura requiere cronogramas precisos y equipos técnicos especializados. La logística abarca el suministro de grandes volúmenes de materiales técnicos, plumas sintéticas, estructuras livianas, pinturas especiales y luminarias, algunos de origen local y otros importados.
La planificación de componentes electrónicos y luminarias de alta potencia considera tiempos estrictos, pues cualquier retraso puede afectar ensayos y fechas de presentación. Además, las espumas en aerosol utilizadas en los festejos se clasifican como envases presurizados, sujetas a regulaciones especiales de almacenamiento y transporte por su potencial inflamable.
En destinos con alta concurrencia, la rotación de stock debe ser rápida y bien coordinada entre fabricantes, distribuidores y comercios. Más allá de los insumos, la logística urbana también se activa a máxima intensidad, al requerir reorganización del flujo vehicular y peatonal, reforzamiento en recolección de residuos y operativos sanitarios y de seguridad, especialmente en espacios como el corsódromo de Gualeguaychú o los desfiles de Corrientes, donde miles de asistentes cada noche exigen una gestión sincronizada de accesos, estacionamientos y transporte público.
La organización del Carnaval refleja un ejercicio real de logística de eventos, concentrando transporte de gran porte, abastecimiento tanto nacional como importado, y distribución urbana en un cronograma estricto. Este evento evidencia cómo la logística no es solo un apoyo, sino un pilar fundamental para la producción de un espectáculo que moviliza comparsas, transporte especial, insumos industriales y servicios a escala regional.