Juan Domingo Sarmiento, uno de los presidentes más influyentes en la historia de Argentina, nació el 15 de febrero de 1811 en el barrio humilde de El Carrascal, en San Juan, en un entorno marcado por la pobreza y el esfuerzo familiar. Hijo de José Clemente Sarmiento, arriero y participante en la expedición de José de San Martín, y Paula Zoila Albarracínera, una mujer fuerte que levantó una casa con sus propios recursos, Sarmiento creció en un contexto de lucha por la supervivencia.
Desde temprana edad, mostró un carácter complejo y decidido. Fue considerado vanidoso, visionario, peleador y emprendedor. Sus primeros años estuvieron marcados por una crianza en un hogar donde la honestidad y la laboriosidad eran valores fundamentales, influjo de su madre y su tío, José Manuel Quiroga Sarmiento. A los cuatro años, ya había aprendido a leer, y a los cinco ingresó en la Escuela de la Patria, una institución pionera en la región que promovía ideas ilustradas y de igualdad social, donde destacó por su inteligencia y entusiasmo.
Su educación formal fue limitada, debido a que en 1821 no logró ingresar al Seminario de Loreto en Córdoba, y comenzó un largo camino autodidacta, estudió matemáticas con Víctor Barreau, francés, y se perfeccionó en idiomas gracias a libros en francés que poseía un amigo de la familia. A pesar de su juventud, fue un alumno destacado, alimentando un espíritu crítico y un pensamiento avanzado para su época.
Durante su adolescencia, participó en eventos políticos y militares, apoyando las ideas de la Revolución de Mayo y colaborando con las fuerzas patriotas en San Juan. En 1829, tras la batalla del Pilar, sufrió un episodio cercano a la muerte y tuvo que exiliarse en Chile, donde vivió en Valparaíso y continuó su formación como periodista y educador.
Luego de recorrer Europa y Estados Unidos en busca de modelos educativos, quedó fascinado por los avances del norte, en especial en la enseñanza y el perfeccionamiento docente. En Estados Unidos, fortaleció sus conocimientos y desarrolló nuevas ideas que aplicaría en su país. En 1845, se casó con Benita Martínez Pastoriza, con quien tuvo un hijo, Domingo Fidel Castro, aunque su relación se tornó distante con el tiempo.
Su compromiso con la educación, la ciencia y la organización social lo llevaron a ocupar cargos políticos y a fundar instituciones fundamentales, como la Academia Nacional de Ciencias y el primer observatorio astronómico del país. Como presidente (1868-1874), impulsó profundas reformas educativas, incluyendo la creación de numerosas escuelas, la llegada de maestras norteamericanas, la introducción de la escuela laica y la modernización del sistema de enseñanza.
Su gestión también estuvo marcada por avances en la estadística, la economía y el comercio, además del impulso a la producción de vino malbec y la urbanización del Parque Tres de Febrero en Buenos Aires. Sin embargo, sufrió un atentado en 1873, del cual salió ileso, y desde entonces padeció problemas de salud, incluyendo sordera y problemas cardíacos.
Tras finalizar su mandato, colaboró en Paraguay en la implementación de reformas educativas y en la organización cultural del país. Murió el 11 de septiembre de 1888, en Asunción, tras una lucha constante contra su deterioro físico, pero dejando un legado pedagógico, científico y social que revolucionó la educación argentina y sentó las bases para el desarrollo del país.