El régimen de Irán ha comenzado formalmente su proceso de sucesión tras la muerte de Ali Khamenei, líder supremo de la República Islámica, ocurrida en ataques combinados de Israel y Estados Unidos. Para dirigir temporalmente el país hasta la elección de un nuevo líder, las autoridades han conformado un consejo de liderazgo formado por el presidente Masud Pezeshkian, el jefe del aparato judicial Gholamhosein Mohseni-Ejei y un jurista del Consejo de Guardianes. Según informó el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Lariyani, la formación de este comité será rápida para garantizar la continuidad del gobierno, resaltando la importancia de mantener la estabilidad en un momento de incertidumbre.
La elección del sucesor será realizada por la Asamblea de Expertos de Irán, órgano conformado por 88 clérigos chiíes, actualmente en su sexto mandato de ocho años, tras las elecciones conservadoras de 2024. Irán declaró oficialmente 40 días de luto por la pérdida de Khamenei, quien falleció en su residencia oficial consecuencia de los bombardeos de Israel y Estados Unidos, en un contexto de ofensiva para promover un cambio de régimen.
Este proceso de sucesión es uno de los más significativos en casi medio siglo, dado que solo ha ocurrido una vez en la historia de la Revolución Islámica. Las autoridades iraníes han asegurado que el proceso será conforme a la Constitución, específicamente al artículo 111, y que se han adoptado medidas detalladas para garantizar una transición legal y ordenada. Además, un portavoz del Consejo de Guardianes afirmó que, pese al luto y la tristeza, no existe ninguna ambigüedad sobre el respeto a las disposiciones constitucionales.
Por otra parte, la muerte de Khamenei ha suscitado reacciones adversas por parte de figuras en el exilio. Reza Pahlavi, hijo mayor del Shah depuesto de Irán, celebró la noticia y afirmó que marca el inicio de una «gran celebración nacional» y vistas a un futuro democrático. Pahlavi acusó al líder fallecido de ser responsable de crímenes en su mandato y advirtió a las fuerzas de seguridad iraníes sobre la necesidad de unirse a la causa de la transición, asegurando que cualquier continuidad del régimen carece de legitimidad y está condenada al fracaso.
Estas declaraciones reflejan la profunda polarización en torno a la figura de Khamenei y el futuro político de Irán, en un momento en que todos los ojos están puestos en cómo se llevará a cabo el proceso de sucesión en un escenario de tensión internacional y expectativas de cambios internos en el país.