Las protestas masivas y la represión en Irán continúan escalando, poniendo en riesgo la estabilidad del país y aumentando la posibilidad de un conflicto interno. Desde principios de 2023, se registran graves enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas del régimen, con reportes de más de 6,500 muertos, según organizaciones de derechos humanos, y cifras que alcanzarían los 36,500, según medios opositores en Gran Bretaña. Testigos describen escenarios de violencia extrema, con incendios en instituciones públicas y calles destruidas en ciudades como Mashhad y Teherán.
Los incidentes se asemejan a una guerra civil encubierta, con ataques mutuos entre civiles y vigilantes del régimen, quienes también utilizan tecnología de vigilancia y cortes de internet para controlar la disensión. La economía iraní, afectada por un fuerte aislamiento internacional, afronta una depreciación del rial y una crisis económica agravada por bloqueos y sanciones, intensificando el malestar social.
Las voces de líderes reformistas y de oposición han sido acalladas, con varios activistas y exfuncionarios bajo arresto domiciliario o en silencio, mientras que el régimen acusó a todos los manifestantes de ser terroristas. La lucha entre facciones y la pérdida de control han alimentado las tensiones, con sectores de la población que pregonan tomar las armas y buscan imitar movimientos armados en otros países de Oriente Medio.
El posible involucramiento de actores externos, como Estados Unidos e Israel, aumenta la preocupación por una escalada mayor. La comunidad internacional vigila con atención, y algunos analistas sugieren que una intervención extranjera podría agravar aún más la crisis. Sin embargo, la historia de intervenciones en la región advirtió que tales acciones pueden desatar caos aún mayor.
Por ahora, la estabilidad de Irán pende de un hilo, con un riesgo real de que la lucha interna devenga en una guerra civil. La diversidad étnica y religiosa, sumada a la represión y la desesperación popular, complican aún más un escenario ya de por sí extremadamente volátil, dejando al país a un paso del abismo, advierten expertos.