Las ciudades de América Latina enfrentan una pérdida significativa de agua potable, que alcanza hasta el 60% antes de llegar a los hogares, debido a fugas invisibles, redes obsoletas y una gestión tradicional que no prevé fallos. Esta problemática afecta especialmente a barrios vulnerables, donde el acceso al agua sigue siendo incierto y tiene profundas implicaciones sociales, económicas y de salud pública.
La implementación de tecnologías de inteligencia artificial (IA) surge como una alternativa efectiva para abordar esta crisis hídrica. Herramientas de análisis predictivo, monitoreo remoto y participación ciudadana permiten identificar fugas y gestionar el recurso con mayor precisión, incluso en contextos de recursos limitados. Según Guillermo Salas Dalsaso, experto en IA y tecnología, este avance permite reducir la dependencia de numerosos sensores costosos, aprovechando datos existentes y reportes ciudadanos.
La mayoría de las redes de distribución en la región son antiguas y con bajo monitoreo digital. Salas destaca que en Latinoamérica las pérdidas de agua oscilan entre el 40% y el 60%, en comparación con el 15% de países desarrollados. Estas pérdidas representan no solo un desperdicio de recurso, sino también un impacto en la salud, la educación y la seguridad alimentaria.
El monitoreo tradicional, basado en una red extensa de sensores, resulta inviable para muchos municipios. La IA, en cambio, permite analizar datos de menor cantidad de dispositivos y complementar la detección con reportes ciudadanos, mediante teléfonos móviles. Aplicaciones móviles y notificaciones facilitan que los residentes informen sobre caídas de presión, cortes o fugas, ayudando a identificar puntos críticos en menor tiempo.
Este enfoque participativo facilita la respuesta rápida de las autoridades, optimizando el mantenimiento y previniendo que pequeñas fugas se conviertan en crisis mayores. La participación de las comunidades vulnerables es clave para priorizar acciones y reducir pérdidas considerables en recursos y costos.
El empleo de IA no solo ahorra litros de agua, sino también millones de dólares que las municipalidades dejan de gastar en reparaciones, energía y tratamiento de agua no utilizada. La digitalización y automatización pueden multiplicar por diez la eficiencia en gestión hídrica para 2030, particularmente en ciudades con presupuestos limitados para sensores.
No obstante, la integración de la IA enfrenta obstáculos institucionales y culturales, ya que los cambios tecnológicos avanzan más rápido que la capacidad de respuesta de gobiernos y academia. Salas advierte que la solución pasa por alianzas entre sector público, privado y conocimientos locales, y no por modelos importados.
Países como Brasil y Chile comienzan a mostrar casos exitosos, pero la región requiere acelerar la adopción de estas tecnologías para evitar un aumento en el desperdicio de agua y las consecuentes implicaciones sociales en comunidades vulnerables, según concluye la fuente de Infobae.