¿Hasta dónde llega la crueldad? La estremecedora caída del feminicida de Cuautitlán y lo que revela su horrible historia

23/01/2026 19:30 | 3 min de lectura

¿Hasta dónde llega la crueldad? La estremecedora caída del feminicida de Cuautitlán y lo que revela su horrible historia

¿Alguna vez pensaste que la violencia puede llegar a niveles insospechados? El caso de Eric Antonio N. en Cuautitlán, Estado de México, no solo expone la brutalidad de dos feminicidios, sino que también revela las fallas estructurales que permitieron que esta violencia escalara sin control durante años.

Este viernes, se llevó a cabo una audiencia crucial en la que autoridades judiciales buscaron definir la situación legal del agresor, quien enfrenta cargos por violación sexual en 2018 y por el doble feminicidio ocurrido el pasado 12 de enero. Durante la audiencia, la jueza resaltó que Eric Antonio N. actuó con pleno conocimiento de sus actos, aprovechándose de la vulnerabilidad de las víctimas. En particular, una de ellas, una mujer de 53 años con discapacidad que vivía en silla de ruedas, fue víctima de una violencia que no pudo defenderse, ya que su condición física la dejó completamente indefensa.

Lo que llama la atención es que las autoridades señalaron que también en ese domicilio se encontró el cuerpo sin vida de un perro, un deterioro que refleja la extrema violencia ejercida en ese lugar.

Lo más impactante es que este no fue un hecho aislado. La Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) confirmó que Eric Antonio N. ya había agredido sexualmente a su ex pareja en 2018 en Cuautitlán Izcalli. La víctima soportó amenazas y miedos durante años, hasta que pudo denunciar en enero, cuando el agresor fue detenido por otro delito.

Un elemento clave en la investigación fue el testimonio de un niño de seis años, hijastro del imputado, que durante la audiencia reconstruyó los hechos. La declaración del menor reveló no solo la violencia reciente, sino también el impacto psicológico que estos crímenes han dejado en su vida.

La evidencia de esta brutalidad la encontramos en el hallazgo de los cuerpos de Teresa de Jesús N., de 53 años, y su hija Cindy N., de 25, en un departamento de la colonia Cascantitla, ocurrido el 13 de enero pasado. La escena resultó tan estremecedora que generó una profunda indignación social y movilizó a las fuerzas policiales en una búsqueda que aún continúa.

Durante esa primera audiencia por feminicidio, se contó cómo el agresor mató a sus víctimas y, sorprendentemente, se recostó junto a los cuerpos antes de huir. El hijo de seis años fue la clave para entender la violencia: contó cómo Eric mató a su madre y a su abuela y después se fue del lugar, llevando a la niña de una de ellas, Erika Camila, de quien su familia no tenía noticias.

Familiares, preocupados por la desaparición y la ausencia de contacto, ingresaron al domicilio y encontraron al niño con vida, encerrado en el baño. La situación derivó en un operativo de búsqueda y captura, que intenta dar justicia a unas víctimas que, por años, vivieron con miedo y silencio.

Este caso nos obliga a reflexionar sobre cómo la violencia de género y los feminicidios, muchas veces, esconden historias de dolor y vulnerabilidad que no deben ser ignoradas. La justicia está en marcha, pero la verdadera esperanza radica en que esta tragedia sirva para cambiar las fallas del sistema y proteger a quienes más lo necesitan.

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