¿Hasta cuándo la violencia en Valle de Chalco? La balacera que sacudió un tianguis y dejó tres heridos

19/01/2026 15:30 | 2 min de lectura

¿Hasta cuándo la violencia en Valle de Chalco? La balacera que sacudió un tianguis y dejó tres heridos

¿Alguna vez pensaste que un día en un tianguis sería sinónimo de pánico y balas? La tarde del domingo en Valle de Chalco, eso ocurrió. Un ataque armado en el tianguis de la colonia San Isidro transformó un día rutinario en un escenario de caos y miedo.

Todo sucedió sobre la avenida División del Norte, entre Norte 12 y la calle Comonfort. Los testigos cuentan que las víctimas estaban comiendo en un puesto de quesadillas cuando, sin previo aviso, varios sujetos a bordo de motocicletas llegaron y abrieron fuego. Nadie esperaba tal brutalidad en medio de un espacio lleno de familias y comerciantes.

El saldo fue de tres personas heridas: dos hombres y una mujer, quienes fueron llevadas de emergencia al Hospital Fernando Quiroz. Su estado de salud es reservado, y, claramente, la delincuencia aprovechó la confusión para escabullirse en la noche. Como muchas veces: sin detenidos, sin responsables y sin respuestas.

Para los habitantes de Valle de Chalco, esta escena se ha vuelto una triste rutina. Robos, balaceras, amenazas y extorsiones parecen formar parte del paisaje diario. La realidad es que ya no consideran la violencia como un evento aislado, sino como parte del día a día.

Y el enojo de la ciudadanía está dirigido directo al alcalde Alan Velasco Agüero. Lo acusan de gobernar desde su oficina mientras las calles se llenan de miedo. Según ellos, no hay patrullajes efectivos, la policía no actúa a tiempo y solo aparecen cuando ya todo terminó.

Los vecinos cuestionan todo: los operativos anunciados, las fotos oficiales, los discursos sobre seguridad. Pero, en la calle, solo quieren una cosa: que las patrullas patrullen en serio, que los criminales sean detenidos y que puedan volver a casa con tranquilidad.

Valle de Chalco está cansado. La sangre que corre en sus calles no solo la derriban los delincuentes, sino también quienes tienen la obligación de protegerlos, pero no están haciendo lo suficiente. La violencia ya no solo es un problema de los criminales; es una deuda pendiente para quienes prometieron cuidar a sus habitantes.

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