El sarampión, enfermedad viral altamente contagiosa, comienza a presentar síntomas entre 10 y 14 días tras el contacto con la persona infectada, según informó la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El virus se transmite a través de pequeñas gotas de saliva que se dispersan al toser, estornudar o hablar, lo que facilita su rápida propagación en lugares cerrados y concurridos. La transmisión puede ocurrir por contacto directo o por inhalación de partículas en el aire, además de permanecer en superficies durante varias horas.
Las autoridades de salud advierten que el uso de cubrebocas y el aislamiento domiciliario al presentarse los primeros signos contribuyen a reducir los contagios. Los síntomas iniciales incluyen fiebre, secreción nasal, tos, conjuntivitis y, de manera característica, pequeñas manchas blancas en la mucosa bucal conocidas como manchas de Koplik, que ayudan a identificar tempranamente la enfermedad.
La UNAM enfatiza que la detección oportuna y el reconocimiento de estos signos son fundamentales para controlar la enfermedad y evitar su rápida expansión. La vacunación contra el sarampión es la medida más efectiva para prevenir la infección, aunque existen tres excepciones donde no es necesaria, según las recomendaciones oficiales.
Para la población sin inmunidad previa, la inmunización continúa siendo el principal recurso para evitar brotes y proteger especialmente a niños y grupos vulnerables. La organización de las campañas de vacunación y la conciencia pública son clave para mantener bajos los índices de contagio.