El uso frecuente de saunas y terapias de calor se asocia con una reducción significativa en el riesgo de desarrollar demencia y mejoras en la salud cerebral, según investigaciones recientes reseñadas por New Scientist. Estudios en países nórdicos, especialmente Finlandia y Suecia, respaldan estos beneficios, que van más allá del bienestar físico tradicional.
Un análisis extenso que incluyó a cerca de 14,000 adultos en Finlandia y Suecia a lo largo de 39 años encontró que quienes asistían a saunas entre 9 y 12 veces al mes tenían un 19 % menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes tenían una frecuencia menor a 4 veces mensual, incluso después de ajustar otros factores del estilo de vida.
Las sesiones regulares en sauna también han sido relacionadas con menores incidencias de cefaleas, mejor estado de ánimo y reducción de síntomas depresivos. En un estudio con 37 pacientes con dolor crónico de cabeza, la combinación de terapia de calor y asesoramiento médico mostró una significativa disminución en la intensidad del dolor.
Investigaciones adicionales señalan que el uso constante de sauna puede incrementar la vitalidad, mejorar la interacción social en adultos mayores, además de ofrecer efectos relajantes y una mejor calidad de vida. Aunque el sauna tradicional es muy popular en Finlandia y Suecia, en los últimos años han surgido terapias de calor alternativas, como las cabinas de infrarrojos, que utilizan ondas electromagnéticas para elevar la temperatura corporal.
Un pequeño estudio en Estados Unidos, citado por New Scientist, detectó que 26 pacientes con trastornos depresivos que recibieron sesiones de sauna de infrarrojos experimentaron mejoras sustanciales en sus síntomas, además de cambios en marcadores inflamatorios como la interleucina-6, vinculada a la depresión.
Desde el punto de vista biológico, expertos destacan que el efecto antiinflamatorio del calor es fundamental. Un estudio del 2018 liderado por Setor Kunutsor en la Universidad de Bristol, que siguió a 2,269 hombres finlandeses de mediana edad durante 11 años, encontró que quienes tenían mayor frecuencia de sesiones de sauna presentaban menores niveles de marcadores inflamatorios en sangre. La reducción de inflamación crónica puede ser clave en la prevención del deterioro cognitivo y la depresión.
Otro mecanismo importante es la activación de proteínas de choque térmico, que protegen las proteínas del organismo ante aumentos de temperatura, contribuyendo a prevenir daños en las células cerebrales relacionados con la demencia y el envejecimiento.
Asimismo, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), esencial para el crecimiento y la supervivencia neuronal, también se incrementa mediante ciclos de calentamiento infrarrojo y ejercicio ligero, lo cual favorece la salud cerebral y la reducción de síntomas como la ansiedad.
El calor induce la dilatación de vasos sanguíneos, mejorando la circulación cerebral y reduciendo riesgos asociados a la demencia vascular y Alzheimer. Estudios en voluntarios muestran que después de sauna, la actividad cerebral se relaja, y aunque no se detectan cambios inmediatos en la función cognitiva, sí se observa una menor demanda de esfuerzo mental.
Las variantes de terapia de calor, como el sauna tradicional, las cabinas de infrarrojos y los baños calientes, muestran diferentes niveles de evidencia científica. La sauna tradicional cuenta con mayores respaldos científicos, mientras que las terapias alternativas aún necesitan estudios más robustos. Sin embargo, expertos como Ali Cadili, de la Universidad de West Virginia, consideran que los baños de agua caliente pueden ser una opción en ausencia de sauna, aunque sus efectos no son exactamente iguales.
Otra práctica extendida en Europa y Japón es la alternancia entre sauna y agua fría, conocida como “totonou”, que genera sensaciones de bienestar y relajación profunda. Estudios en Japón sugieren que esta técnica puede activar patrones cerebrales relacionados con la relajación y disminuir la carga atencional, aunque aún falta evidencia clara que determine si añade beneficios cognitivos adicionales.
Es importante considerar que el calor excesivo puede presentar riesgos, como fatiga mental y alteraciones en la comunicación entre regiones cerebrales, especialmente en exposiciones prolongadas a temperaturas elevadas. La Sociedad Británica de Sauna recomienda limitar el tiempo de exposición, hidratarse y aclimatarse gradualmente para evitar efectos adversos.
En resumen, si bien la evidencia robusta apoya el potencial del sauna para reducir el riesgo de demencia y promover la salud cerebral, se requiere mayor investigación en terapias alternativas. La prevención mediante estas prácticas de calor debe realizarse de manera segura y bajo recomendaciones profesionales.