Un estudio reciente de la Universidad de Illinois, publicado en la revista British Journal of Nutrition, revela que los niños de dos años que consumen alimentos ultraprocesados tienen una mayor probabilidad de presentar un menor coeficiente intelectual en la etapa escolar. La investigación analiza la relación entre los patrones alimenticios en la primera infancia y el rendimiento cognitivo entre los seis y siete años.
El estudio, que involucra a miles de niños, identificó dos principales patrones dietéticos mediante análisis estadísticos: uno considerado 'saludable', compuesto por frutas, verduras, legumbres, lácteos, alimentos infantiles y zumos naturales; y otro denominado 'no saludable', caracterizado por snacks, fideos instantáneos, galletas, chucherías, refrescos, carnes procesadas y embutidos.
Los resultados mostraron que los menores con mayor adherencia al patrón 'no saludable' a los dos años obtuvieron puntuaciones más bajas en pruebas de coeficiente intelectual en la edad escolar, incluso tras ajustar por variables sociales, económicas y familiares. El impacto negativo fue más evidente en niños con vulnerabilidades biológicas tempranas, como déficits en peso, estatura o perímetro craneal durante los primeros años.
Por otro lado, no se encontró una relación significativa entre el patrón 'saludable' y mejores resultados cognitivos, probablemente debido a la alta prevalencia del consumo de estos alimentos entre la muestra, lo que dificultó detectar diferencias estadísticamente relevantes.
Los investigadores sugieren que dietas pobres en calidad nutricional y ricas en ultraprocesados podrían afectar el neurodesarrollo a través de mecanismos como inflamación sistémica, estrés oxidativo y alteraciones en la comunicación entre el intestino y el cerebro. Aunque el estudio no analizó directamente estos procesos, se subraya la importancia de una dieta equilibrada en la infancia.
En respuesta a estos hallazgos, el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 anunció la presentación de una propuesta para regular la publicidad de alimentos poco saludables dirigida a menores, en línea con el respaldo que el 80% de la población española otorga a la prohibición de anuncios de estos productos para niños y adolescentes, según informó la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).