Un reciente estudio publicado en la revista Science afirma que la esperanza de vida de una persona está fundamentalmente influenciada por su carga genética, aunque los hábitos saludables pueden extender unos años esa longevidad. Los investigadores, liderados por Uri Alon del Instituto Weizmann de Ciencias en Israel, analizaron datos de gemelos suecos y estadounidenses, concluyendo que más del 50% de las diferencias en la duración de la vida de las personas están relacionadas con la genética, en contraste con estudios previos que ubicaban ese porcentaje en torno al 25% o menos. El estudio utilizó modelos estadísticos avanzados para aislar los factores relacionados con el envejecimiento y descartó causas no vinculadas al proceso natural de envejecimiento, como accidentes o enfermedades agudas. Los resultados también mostraron que las muertes por cáncer tienen menos relación con los genes, mientras que las relacionadas con demencia son más influenciadas por la herencia genética. Sin embargo, expertos como Thomas Perls advierten que quien no posee la carga genética favorable tiene pocas posibilidades de alcanzar edades muy avanzadas, como los 100 años, sin un estilo de vida riguroso. Otros estudios, como los de Harvard, han corroborado que hábitos saludables pueden agregar hasta una década a la expectativa de vida, aunque la genética sigue siendo un factor determinante clave para llegar a edades extremadamente largas. La investigación recalca que, aunque los genes son una potencia en la determinación de la longevidad, mantener buenos hábitos sigue siendo importante para mejorar la calidad de vida y prolongar la existencia dentro del potencial genético individual, pero no garantizan alcanzar los límites genéticos predestinados.