Un estudio realizado por la Universidad Estatal de Pensilvania y publicado en la revista Health Psychology sugiere que la calidad de la relación entre padres e hijos en los primeros meses de vida puede impactar la salud del niño en etapas posteriores. La investigación, que siguió a 100 familias desde que los bebés tenían 10 meses hasta los 7 años, encontró que los niños cuyos padres mostraron menor implicación y menos atención en el primer año presentaron mayores niveles de inflamación y azúcar en sangre a los 7 años.
El análisis, basado en sesiones de juego grabadas y análisis sanguíneos, reveló que cuando los padres mostraban menos sensibilidad, participación positiva o conductas de coparentalidad, sus hijos tenían más probabilidades de presentar marcadores de inflamación como la proteína C reactiva (PCR) y niveles elevados de HbA1c, un indicador del control de glucosa a largo plazo. Estas condiciones están relacionadas con riesgos futuros de enfermedades crónicas.
Los investigadores diferenciaron entre comportamientos paternos y maternos, constatando que las conductas de los padres tenían un impacto más fuerte en la salud de los niños, mientras que las madres no mostraron el mismo patrón. Alp Aytuglu, autor principal del estudio, explicó que una interacción paterna negativa puede trasladarse al entorno familiar y afectar el bienestar infantil.
El equipo de investigación resaltó que los padres que mostraban más cariño y participación en las interacciones tempranas tenían hijos con menores niveles de inflamación y azúcar sanguíneo, lo cual puede influir en su salud en la adultez. La coautora Hannah Schreier señaló que estos resultados no implican que solo los padres sean responsables, sino que el compromiso paterno contribuye al bienestar emocional y físico de la familia.
El estudio introduce la 'hipótesis de la vulnerabilidad del padre', que sugiere que los padres tienden a reaccionar de manera más intensa ante el estrés en la relación familiar, lo que puede afectar posteriormente la salud de los niños. Además, al pasar más tiempo con las madres durante los primeros meses, el comportamiento de los padres en interacciones grupales puede pasar desapercibido, aunque también tiene un impacto.
Expertos en el tema, como Greg Miller y Sarah Schoppe-Sullivan, destacaron que, en muchos estudios anteriores, la participación de los padres había sido poco considerada, perpetuando la idea de que la madre es la figura principal en el desarrollo del bienestar infantil. Sin embargo, los autores del estudio reconocen que estas son solo correlaciones y no pruebas de causalidad, y admiten que la muestra está limitada a hogares mayormente de clase media y contextos similares.
En conclusión, los especialistas recomiendan promover programas de permisos parentales y fomentar la implicación temprana del padre para mejorar el desarrollo emocional y físico de los niños en sus primeros años. La investigación abre la posibilidad de revalorizar el rol paterno en la salud infantil a largo plazo.