Un análisis reciente publicado en la revista BMJ Global Health confirma que el consumo de agua potable con altos niveles de sal aumenta el riesgo de hipertensión, especialmente en regiones costeras. La investigación, que revisó datos de 27 estudios con más de 74,000 participantes en países como Estados Unidos, Bangladesh, Vietnam, Kenia, Australia, Israel y varias naciones europeas, señala que un aumento en la salinidad del agua se asocia con incrementos en la presión arterial, de 3.2 puntos en la sistólica y 2.8 en la diastólica.
Los expertos explican que la salinidad en el agua, que suele filtrarse en los acuíferos en áreas costeras debido a la infiltración de agua salada, puede representar un factor adicional en la elevación de la presión arterial. La región costera, que alberga a más de 3,000 millones de personas en todo el mundo, podría experimentar un impacto mayor en la salud pública.
El investigador principal, Rajiv Chowdhury, de la Universidad Internacional de Florida en Miami, destacó que aunque los efectos a nivel individual son moderados, los pequeños cambios en la población general podrían traducirse en consecuencias significativas. Añadió que niveles elevados de sal en el agua representan un riesgo comparable a otros factores de salud cardiovascular, como la falta de actividad física, que aumenta el riesgo de hipertensión entre 15% y 25%.
Chowdhury recomendó a la población consultar los informes de calidad del agua local y controlar la ingesta de sodio en la dieta, especialmente para quienes necesitan mantener controlada su presión arterial. Aunque la dieta sigue siendo la principal fuente de sodio, en áreas costeras elevadas en salinidad, esta fuente puede incrementarse.
Para obtener más información, el Harvard Medical Center ofrece recursos sobre la relación entre la sal en la dieta y la hipertensión.