El 28 y 29 de enero en la Ciudad de Panamá, el Adam Smith Center for Economic Freedom organizó junto a CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026. En este encuentro, participaron siete jefes de Estado, delegaciones de más de 40 países, además de miles de empresarios y expertos, con el objetivo de analizar cómo posicionar a la región en un escenario global en transformación.
El autor, empresario y experto en políticas públicas, ofreció una ponencia en la que abordó tres ejes principales: el contexto internacional actual, el papel de América Latina y el Caribe en ese panorama, y el rol de Estados Unidos, que se presenta como la potencia dominante en esta fase del orden mundial. Destacó que estamos en un mundo bipolar, con una rivalidad estratégica entre EE. UU. y China, caracterizada por competencia económica, tecnológica, comercial, financiera, geopolítica y cultural, distinta a la confrontación militar de la Guerra Fría.
Dentro de este escenario, la región latinoamericana está en constante vaivén político. El regreso de Donald Trump a la presidencia estadounidense refleja un cambio estructural en la relación de EE. UU. con el mundo, afectando directamente a América Latina. La estrategia actual de Estados Unidos, según la Administración Trump, prioriza identificar aliados y ampliar su influencia en la región, reconociendo que su hemisferio es una prioridad frente a la competencia con China.
Estados Unidos busca revertir su histórica dependencia de cadenas de suministro lejanas y peligrosas, promoviendo estrategias como nearshoring, friendshoring y allyshoring para atraer inversión y producción al hemisferio. Además, la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, incluyendo la presión sobre Venezuela, forma parte de sus objetivos, así como controlar el acceso a recursos naturales estratégicos y frenar la migración ilegal.
El plan también contempla aprovechar las oportunidades de inversión en recursos energéticos, minerales y agricultura, para fortalecer la economía estadounidense sin beneficiar a adversarios. Asimismo, ve en la región un vasto mercado de negocios e inversión, bajo una política pragmática que no excluye a gobiernos con distintas ideologías, siempre que protejan intereses nacionales.
Este renovado interés de EE. UU. en América Latina representa una oportunidad significativa, siempre que los países de la región tomen decisiones acertadas en términos de relaciones estratégicas, inversión, seguridad y estabilidad política. La clave será ofrecer condiciones favorables para atraer inversión, como el Estado de Derecho, seguridad jurídica, infraestructura sólida y estabilidad macroeconómica.
El autor concluye que, en un momento de grandes desafíos y oportunidades, la región debe mostrar claridad estratégica y coherencia en sus decisiones, para aprovechar esa ventana de oportunidad histórica y evitar prolongar su historia de 'cien años de soledad'. La oportunidad es hoy y el momento de actuar es ahora.