La percepción de la vejez como una etapa limitada y pasiva ha cambiado significativamente. Hoy, con una esperanza de vida mayor y de mejor calidad, la sociedad reconoce que envejecer activa y saludable es posible y necesario. El envejecimiento activo implica cuidar el cuerpo, estimular la mente y mantener vínculos sociales, promoviendo un estilo de vida en el que las personas mayores sean protagonistas con proyectos y contribuciones significativas.
Según la Organización Mundial de la Salud, para 2050, uno de cada seis habitantes en el mundo tendrá más de 65 años, una tendencia que plantea desafíos especialmente en las grandes ciudades. La clave no está solo en cuánto tiempo se vive, sino en la forma en que se transita esta etapa, impulsada por condiciones que faciliten la movilidad, la participación social y el aprendizaje continuo.
En la Ciudad de Buenos Aires, las políticas públicas se orientan a promover espacios y actividades que fomenten el envejecimiento activo. Ejemplos de ello son las llamadas ‘Estaciones Amigables’, programas como ‘La Tercera en Movimiento’ y ‘Intervenciones Urbanas’, que ofrecen actividades físicas, culturales y sociales diseñadas desde las necesidades de las personas mayores. Además, la oferta de cursos y talleres en la ciudad abarca desde entrenamiento cognitivo y físico hasta expresiones artísticas, promoviendo la autonomía y el bienestar.
El uso de herramientas tecnológicas como +Simple permite que las personas mayores accedan a información, actividades culturales y cursos, fortaleciendo su integración social y autonomía. También se destacan iniciativas contra la soledad no deseada, como ‘Escucha Activa’, ‘Conexión Activa’ y el programa de voluntariado ‘Generación Plateada’, que buscan fortalecer los vínculos y brindar un sentido de pertenencia.
El compromiso social refleja que envejecer activo va más allá de los beneficios físicos: fomenta una mejor salud cognitiva y emocional, previene caídas y deterioro, y ayuda a mantener la independencia. La actividad física regular, además, estimula el cerebro, mejora la atención y la memoria, y disminuye riesgos para la salud.
En definitiva, envejecer con calidad implica más que sumar años: es sumar vida en cada uno de ellos. La ciudad promueve que las personas mayores sean protagonistas de su propio bienestar, construyendo un futuro en el que la energía y la vitalidad trascienden la edad, demostrando que en la vejez también hay movimiento y alegría.