El Ministerio de Cultura de Francia anunció la suspensión de la designación bienal de la Capital Francesa de la Cultura, dejando en duda el futuro de esta iniciativa, que actualmente no cuenta con convocatorias para 2026 ni con un calendario definido para futuras ediciones. La decisión, reportada por medios locales, implica que el programa queda en un estado de incertidumbre tras la modificación del decreto oficial, que eliminó la periodicidad del reconocimiento.
Las ediciones de Villeurbanne en 2022 y Montbéliard en 2024 fueron las últimas en recibir este distintivo, y actualmente no existe una fecha confirmada para la próxima en 2026. La medida refleja una percepción de que el sello cultural ha quedado relegado a un segundo plano, según información divulgada por la prensa francesa. El Gobierno francés justificó la suspensión argumentando que el esquema bienal dificultaba la evaluación del impacto de las ciudades designadas y advertía sobre posibles coincidencias con la Capital Europea de la Cultura en Bourges en 2028, lo cual podría diluir el alcance de ambas iniciativas.
Desde su anuncio en 2018 por la exministra Françoise Nyssen y la publicación del decreto en 2020 por Roselyne Bachelot, los motivos de esta suspensión estaban relacionados con la escasa repercusión del programa en Villeurbanne y Montbéliard. Según análisis de 'Le Journal des Arts', estas ciudades no lograron proyectar sus iniciativas a nivel nacional ni internacional, pese a los esfuerzos realizados.
El programa buscaba destacar la política cultural de ciudades enfocadas en la creación artística, la valorización del patrimonio y la participación activa de los ciudadanos, quienes debían ser protagonistas en las actividades culturales, especialmente en Villeurbanne, con énfasis en involucrar a los jóvenes.
No obstante, el programa enfrentó críticas por su baja visibilidad internacional y su enfoque en eventos locales de menor escala, comparados con festivales de renombre en Francia como los de Avignon o Nantes. La falta de proyectos emblemáticos de mayor alcance y la insuficiente financiación estatal —que no superaba el millón de euros— dificultaron la realización de iniciativas de impacto significativo.
La combinación de recursos limitados y altos requisitos para la participación ciudadana condujo a una reducción de la calidad y la proyección de las propuestas, según algunos medios locales, que catalogaron al programa como una 'usina de obstáculos.' La suspensión también afecta la posibilidad de futuras ediciones, especialmente la prevista para 2028, dejando en suspenso cualquier plan de continuidad.
En resumen, la eliminación de la periodicidad bienal y la falta de recursos adecuados han llevado el programa a un estado de inactividad, evidenciando las limitaciones de la política cultural en ciudades medianas y pequeñas de Francia cuando carece de la estructura y los apoyos necesarios. La prensa francesa interpretó esta decisión como el fin de un proyecto que prometía promover la identidad cultural y la participación ciudadana, pero que no logró consolidarse, dejando un camino abierto para nuevas propuestas en el ámbito cultural francés.