El inicio de 2026 evidencia cómo el costo de la vivienda, en especial el arriendo, continúa siendo un factor determinante en la escalada de la inflación en Colombia, afectando significativamente los presupuestos familiares. Según datos recientes del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en enero la inflación anual alcanzó el 5.35%, ligeramente por encima del 5.10% registrado a finales de 2025 y superior al 5.22% de enero del año pasado. La tendencia refleja un aumento sostenido en los gastos de vivienda, especialmente en los precios de alquiler.
El arriendo efectivo, que pagan los hogares en alquiler, mostró en enero una variación anual del 5.27%. Por otro lado, el arriendo imputado —costo estimado para quienes viven en vivienda propia— aumentó 5.03% en igual período. Aunque estos porcentajes pueden parecer moderados, su impacto en la inflación total es considerable: ambos aportaron más de un punto porcentual a la inflación anual, superando la contribución de otros sectores con mayores incrementos pero menor peso en la canasta del IPC.
Mientras categorías como vestuario, recreación y comunicación presentaron aumentos menores, los costos asociados a la vivienda permanecen entre los principales impulsores del aumento en el costo de vida. La persistencia de estos incrementos y su incidencia en el presupuesto familiar se mantienen altas en comparación con otros rubros, como transporte o educación. La evolución mensual confirma esta tendencia: de diciembre de 2025 a enero de 2026, el IPC subió un 1.18%, mientras que el arriendo efectivo creció solo un 0.41%. Sin embargo, debido a que los ajustes en los contratos de arriendo tienden a acumularse y a mantenerse, su efecto en la economía doméstica es duradero.
La ley limita los aumentos en contratos vigentes a un máximo del 5.10%, correspondiente a la inflación del año anterior, lo que ofrece cierta protección a los arrendatarios existentes. No obstante, esta restricción no aplica para nuevos contratos o para quienes buscan vivienda por primera vez, quienes en muchas ocasiones enfrentan incrementos mucho mayores, influenciados por la oferta y demanda, la escasez y factores relacionados con la ubicación y el tamaño del inmueble.
Esta disparidad entre las cifras oficiales y la realidad cotidiana se traduce en que, si bien el incremento promedio en los alquileres puede ser controlado, cambiar de vivienda o firmar un nuevo contrato puede significar saltos de gasto superiores a los contemplados en los índices oficiales. En un contexto donde los ingresos no siempre crecen al mismo ritmo que los costos, el arriendo continúa siendo un factor clave en la percepción de que vivir en Colombia es cada vez más caro, debido a su peso estructural y la rigidez en sus ajustes, que hacen que pequeñas variaciones tengan efectos duraderos en las finanzas familiares.