La confusión entre oftalmólogo y optometrista es común al buscar atención para molestias o problemas visuales en México, pero cada profesional tiene funciones distintas, según la Cleveland Clinic. El oftalmólogo es un médico especializado en enfermedades oculares, capaz de diagnosticar, tratar y realizar cirugías en problemas de la vista. Para ejercer, requiere estudios universitarios en medicina y especializaciones en áreas como salud visual infantil, cirugía de párpados o patologías corneales.
Por otro lado, el optometrista es un especialista en optometría que realiza exámenes visuales, prescribe lentes y detecta errores refractivos como miopía o astigmatismo. Su formación incluye estudios universitarios y cuatro años adicionales en optometría, además de una posible residencia. Aunque puede adaptar gafas y lentes de contacto, no realiza diagnósticos de enfermedades ni intervenciones quirúrgicas.
En la práctica clínica, los oftalmólogos evalúan la salud ocular de manera integral, prescriben medicamentos y tratan patologías complejas. Son los únicos autorizados para cirugías, incluyendo la cirugía láser, y para abordar afecciones severas como el glaucoma avanzado, desprendimiento de retina o trasplantes de córnea. Los optometristas suelen ser el primer contacto para revisiones visuales y detectar problemas comunes o infecciones leves, remitiendo al paciente a un oftalmólogo si encuentran signos de enfermedades graves.
La adaptación de lentes de contacto generalmente la realiza el optometrista, siempre y cuando no existan antecedentes de problemas oculares graves. El óptico, en cambio, tiene una función técnica centrada en la adaptación de gafas y lentes, sin poder realizar diagnósticos o tratamientos.
Para síntomas como visión borrosa, dolor ocular o la percepción de 'moscas volantes', lo recomendable es acudir primero al optometrista para una evaluación general. Si se detectan condiciones de riesgo o afecciones complejas, el optometrista deberá remitir al paciente al oftalmólogo. En emergencias, síntomas severos o urgentes, se debe acudir directamente con un especialista en oftalmología.
En niños, la prevención es fundamental. La primera evaluación visual completa se recomienda alrededor de los 5 o 6 años, antes de que inicien la escuela, para detectar dificultades de enfoque o problemas de coordinación ocular que puedan afectar su aprendizaje. Ante anomalías estructurales o enfermedades oculares, los niños son derivados al oftalmólogo para estudios y tratamiento específico.
La realización de revisiones periódicas ayuda a identificar problemas antes de que se agraven, especialmente en personas con antecedentes familiares, diabetes o riesgo elevado de pérdida de visión. La Cleveland Clinic aconseja controles anuales y acudir al especialista ante cualquier síntoma sospechoso.
En conclusión, el optometrista es adecuado para revisiones generales y dudas frecuentes, mientras que el oftalmólogo es imprescindible frente a patologías graves, cirugías o seguimiento especializado. La prevención y detección temprana son clave para mantener la salud ocular en buen estado.