El 15 de febrero se conmemora el Día Mundial de las Ballenas, fecha que busca destacar la importancia de estos mamíferos marinos y promover su conservación. En la región de Centroamérica, la costa del Pacífico se convierte en un escenario clave durante la temporada principal de avistamiento, cuando las ballenas jorobadas migran desde aguas frías para reproducirse y criar a sus crías en ambientes más cálidos.
Desde noviembre o diciembre hasta marzo o abril, estos cetáceos llegan a distintas áreas, siendo destacadas para el turismo y la observación natural zonas como Los Cóbanos en El Salvador, Bahía Drake y el Golfo Dulce en Costa Rica. Según informes de organizaciones ambientales internacionales, el mayor número de avistamientos se concentra entre enero y marzo en el Pacífico Norte y Centro, coincidiendo con el pico reproductivo de la especie.
En El Salvador, la temporada de observación va de noviembre a marzo, alcanzando su punto máximo en los meses de enero y febrero. Autoridades locales y guías especializados señalan que Los Cóbanos es uno de los mejores lugares para observar ballenas jorobadas en su hábitat natural. En Costa Rica, la actividad se divide en dos periodos: de mediados de julio a noviembre en el Pacífico Sur y de diciembre a marzo en otras áreas, de acuerdo con datos de entidades protectoras del medio ambiente.
Guatemala también forma parte de los destinos relevantes para la migración de las ballenas en la región, con temporadas que van de enero a mayo y avistamientos ocasionales en diciembre. Esta variabilidad se debe a las rutas migratorias y a la búsqueda de aguas tranquilas para la reproducción.
Expertos recomiendan planificar las excursiones entre enero y marzo para aumentar las probabilidades de encontrar a estos gigantes del mar. La ballena jorobada predomina en los registros regionales, aunque también se reportan otras especies ocasionalmente. Se hace énfasis en la necesidad de mantener distancia, respetar las normativas y promover prácticas responsables para preservar a estos mamíferos y sus zonas de reproducción.
El Día Mundial de las Ballenas, que se celebra cada tercer domingo de febrero, busca crear conciencia global sobre la protección de estas especies y sus hábitats. Originada en Hawái, la iniciativa se ha expandido a nivel internacional, promoviendo la educación sobre todas las especies de ballenas y los peligros que enfrentan. La celebración también destaca la importancia de sitios considerados Patrimonio Ballenero, espacios donde la observación ética y sostenible se realiza bajo criterios conservacionistas, apoyados por la UNESCO.
Desde la ciencia, se ha identificado que las ballenas se agrupan en dos grandes categorías: las barbadas, que filtran krill y plancton, y las dentadas, que se alimentan de peces y calamares. Investigaciones recientes revelan que estas especies pueden transmitir comportamientos y canciones, creando una cultura cetácea. Además, algunos datos señalan que especies como la ballena beluga tienen habilidades especiales, como nadar en reversa, y que ejemplares como la ballena de Groenlandia pueden vivir más de 200 años.
Un aspecto fundamental de la función ecológica de las ballenas es su papel en la mitigación del cambio climático, ya que mediante su ciclo migratorio y vital contribuyen a fertilizar los océanos y distribuir el fitoplancton, esencial para la salud de los ecosistemas marinos.
La conmemoración del Día Mundial de las Ballenas invita a reflexionar respecto a la responsabilidad compartida en la protección de los oceanos. Organizaciones y comunidades promueven actividades de educación ambiental y observación responsable, resaltando la relevancia de estos mamíferos para mantener el equilibrio de los ecosistemas marinos, según la UNESCO.