La deserción en la educación superior en Colombia afecta aproximadamente al 87.2% de los estudiantes que ingresan a la universidad, según cifras oficiales del Ministerio de Educación. Este fenómeno, que refleja un problema estructural en el sistema educativo, tiene profundas implicaciones sociales y económicas.
El informe ministerial resalta que solo el 12.8% de los estudiantes que comienzan un pregrado logran culminarlo, evidenciando un reto significativo para las instituciones educativas y la política pública. En entrevista con Infobae Colombia, el rector de la Universidad de la Sabana, Rolando Roncancio-Rachid, explicó que la retención estudiantil está vinculada a un compromiso con la calidad académica y el acompañamiento individualizado. Para la institución, reducir la deserción no solo significa mantener indicadores positivos, sino asegurar el éxito en los proyectos de vida de los estudiantes y el avance social del país.
El rector enfatizó que la persistencia en la educación superior depende de múltiples factores, incluyendo variables académicas, socioemocionales, familiares, económicos y culturales, muchas de las cuales tienen raíces en una formación básica deficiente. La evidencia muestra que los vacíos en educación inicial, básica y media son responsables de gran parte del abandono universitario, siendo estos problemas reflejo de dificultades que empiezan años antes en el sistema educativo.
Desde la perspectiva de política pública, Roncancio-Rachid señala que la atención debe enfocarse en fortalecer la educación inicial, crucial para construir bases cognitivas y socioemocionales sólidas, y en intervenir en las etapas críticas de las trayectorias escolares, como el noveno grado y la transición entre media y universidad, donde se produce la mayor pérdida de estudiantes.
Los costos de la deserción son elevados y diversos. Estadísticamente, por cada 100 niños que ingresan a primaria, solo ocho concluyen una carrera universitaria, lo que implica una inversión significativa, estimada en 86 billones de pesos anuales en educación, que no logra traducirse en acumulación de capital humano.
A nivel social, la deserción afecta la movilidad social, genera tensiones familiares y contribuye a incrementos en desigualdad, fragilización de redes comunitarias y problemas de salud mental. Además, representa un debilitamiento del sistema democrático, al reducir la capacidad de la ciudadanía para deliberar y tomar decisiones informadas, poniendo en riesgo la meritocracia y la calidad del debate público.
El análisis de estos datos subraya la necesidad de fortalecer las políticas educativas en todos los niveles y dimensionar el impacto social que conlleva cada estudiante que abandona sus estudios, como clave para un desarrollo más equitativo y sostenible en Colombia.