La dermatitis atópica, comúnmente conocida como eczema, afecta a millones de personas en México, alterando su rutina diaria, descansos y bienestar emocional. Estos brotes repentinos de enrojecimiento, picazón y inflamación pueden transformar una jornada habitual en un desafío constante, impactando no solo la salud física sino también la calidad de vida y el estado emocional. La Cleveland Clinic informa que quienes sufren formas moderadas o graves pueden experimentar hasta nueve episodios anuales, por lo que es crucial identificar y gestionar los desencadenantes.
Los síntomas durante un brote incluyen placas de diferentes colores, piel seca, agrietada, con posibles ampollas o erosiones, que suelen agravarse por las noches, afectando el sueño. Los principales factores que desencadenan estos episodios son alérgenos como polvo, polen, caspa de animales y ciertos alimentos, además de condiciones ambientales como aire seco, humo y cambios bruscos de temperatura. También influyen factores internos, como el estrés, infecciones o alteraciones hormonales.
La especialista Saadia Hussain advierte que el uso de productos agresivos, incluyendo limpiadores, champús, detergentes y tejidos como lana o poliéster, puede dañar la barrera cutánea, facilitando inflamación y agravamiento de los síntomas, así como aumentar la susceptibilidad a futuras alergias.
Para manejar los brotes, la Cleveland Clinic recomienda hidratar la piel diariamente con cremas emolientes o hidratantes sin fragancia, especialmente después de la ducha, y utilizar humidificadores nocturnos. Es importante evitar duchas muy calientes o con agua de alta presión, ya que pueden irritar la piel. Optar por una rutina de cuidado sencilla y con productos suaves ayuda a recuperar la barrera cutánea.
El tratamiento médico generalmente incluye corticosteroides tópicos y, en casos severos, inhibidores de la calcineurina como pimecrolimus y tacrolimus. En situaciones más complejas, puede considerarse la fototerapia o inmunomoduladores sistémicos bajo supervisión médica. Los antihistamínicos orales se recomiendan solo cuando el picor interfiere con el sueño, debido a su efecto sedante. La especialista explica que el prurito en dermatitis atópica se origina en mecanismos distintos a las alergias comunes.
Para prevenir los brotes, es fundamental mantener una rutina constante de cuidado, incluyendo el uso regular de cremas emolientes, limpieza suave y la aplicación de corticosteroides o inhibidores en áreas propensas al menos dos veces por semana. Adoptar hábitos como vestir ropa holgada y de tejidos suaves, gestionar el estrés y seguir una alimentación antiinflamatoria, bajo consejo profesional, contribuye a un control a largo plazo.
Se recomienda acudir a un dermatólogo o alergólogo si los síntomas empeoran, aparecen lesiones nuevas o extensas, exudados, costras, o si afectan el sueño y actividades diarias. La supervisión médica permite ajustar tratamientos y detectar factores agravantes, permitiendo un manejo más efectivo de esta condición crónica.