La deforestación en la selva Atlántica de Brasil ha provocado cambios en el comportamiento de los mosquitos, especialmente en zonas de Río de Janeiro donde la pérdida de hábitat y el crecimiento de asentamientos humanos favorecen la transmisión de enfermedades virales. Un estudio reciente realizado por científicos del Instituto Oswaldo Cruz y la Universidad Federal de Río de Janeiro reveló que estos insectos buscan con mayor frecuencia sangre humana al verse privados de sus entornos naturales.
Durante la investigación, realizada en reservas naturales como el Sítio Recanto Preservar y la Reserva Ecológica del Río Guapiaçu, se colectaron más de 1,700 mosquitos de 52 especies diferentes. El análisis de ADN en muestras de sangre de las hembras capturadas mostró que, en al menos 24 ejemplares, 18 tenían sangre humana, un fenómeno que preocupa a los expertos debido a las implicaciones para la salud pública.
Los cambios en los hábitos alimenticios de los mosquitos están dictados por la transformación del paisaje y la desplazamiento de la fauna, según los autores del estudio. La cercanía y disponibilidad de humanos y animales modificados por actividades humanas hacen que estos insectos opten por nuestro organismo como fuente de alimentación cuando sus fuentes naturales disminuyen.
El investigador Sergio Machado explicó que la presión ambiental obliga a los mosquitos a adaptarse, aumentando la posibilidad de transmisión de enfermedades como dengue, Zika, fiebre amarilla, Mayaro, Sabiá y Chikungunya. La inquietud se centra especialmente en áreas donde la deforestación y la expansión urbana avanzan rápidamente, elevando así el riesgo de brotes virales.
A pesar de que menos del 7% de los mosquitos colectados mostraron sangre visible, el análisis genético logró identificar la fuente en cerca del 38% de esos casos. Esto subraya la necesidad de ampliar las tecnologías y técnicas que permitan un mejor monitoreo de las fuentes alimenticias de estos vectores.
Los expertos consideran que comprender las preferencias alimentarias de los mosquitos puede mejorar las estrategias de control y prevención. Además, resaltan la importancia de proteger los ecosistemas y promover acciones de conservación para mantener en equilibrio los hábitats naturales, reduciendo así la dependencia de los insectos en buscar sangre humana.
Finalmente, los investigadores advierten que la situación actual refleja un fenómeno global, en el que actividades humanas alteran los entornos naturales y generan consecuencias en la salud pública. La colaboración entre instituciones científicas y autoridades sanitarias resulta crucial para fortalecer la vigilancia epidemiológica, especialmente en regiones con alta deforestación y crecimiento poblacional. La vigilancia continua y el análisis genético de las fuentes de alimentación de los mosquitos permitirán anticipar riesgos emergentes y diseñar respuestas efectivas, buscando limitar la propagación de enfermedades y proteger la salud de las comunidades.