Cusco dio un paso importante en la transición energética del país con la instalación de su primera conexión domiciliaria a gas natural, programa piloto impulsado por el Fondo de Inclusión Social Energético (FISE). Este avance representa un cambio respecto a intentos anteriores, como el proyecto de gasoducto para conectar siete regiones de la sierra centro y sur, incluyendo Cusco, que aún no ha sido implementado. La construcción de redes de distribución de gas natural requiere inversiones significativas que solo son viables cuando existe suficiente demanda, lo cual en el sur del Perú es limitado debido a la dispersión poblacional y a la baja densidad en regiones como Cusco. Actualmente, el 20 % de los hogares urbanos en Cusco utiliza leña o carbón para cocinar, una proporción por encima del 10 % nacional, lo que incrementa los riesgos de contaminación y afecta la salud. La expansión del acceso al gas natural en esta región facilitaría la sustitución de combustibles contaminantes, además de reducir los costos energéticos que representan en promedio el 14 % del ingreso laboral mensual de los hogares, y hasta un 37 % en las familias con menores ingresos. La consolidación del gas natural requiere reglas claras, estabilidad regulatoria y una coordinación efectiva entre sector público y privado, incluyendo fortalecer instituciones como Perúpetro, Osinergmin y el Minem. En zonas rurales y de difícil acceso, donde llevar gas natural resulta más complejo, es fundamental complementar con instrumentos alternativos como el Vale GLP, financiado por el FISE, para garantizar acceso a energías más limpias a bajo costo. Es crucial mantener recursos adecuados para ampliar esta política energética y evitar reformas que restrinjan el uso de fondos del FISE, asegurando así el progreso hacia una matriz energética más limpia y equitativa en Cusco.